Ámsterdam: la industria dejó paso a nuevos barrios y espacios singulares

La ciudad apostó por diseñar las áreas libres mediante concursos internacionales. En los próximos años a A Coruña le llegará el turno de enfrentarse a su transformación portuaria

Ámsterdam
Ámsterdam

A Coruña / La Voz

La exposición de La Voz de Galicia sobre las soluciones que una decena de ciudades europeas han dado a sus puertos se puede ver en la Marina hasta el próximo día 19 de noviembre. A lo largo de sus 12 paneles los visitantes podrán conocer cómo abordó cada una de esas urbes la transformación de aquellos muelles que se habían ido quedando sin actividad por distintos motivos. La muestra busca ofrecer modelos sobre los que pensar el futuro de A Coruña, marcado por el traslado de la actividad al puerto exterior y por la oportunidad histórica de abrir de nuevo la ciudad al mar en sus frentes portuarios.

Ámsterdam es el primero de los ejemplos expuestos -a lo largo de los próximos días La Voz publicará sendos análisis de cada uno de los casos-, una urbe marcada por sus peculiaridades geográficas. La ciudad, cuyos orígenes se remontan al siglo XII, se estableció en la ribera del río Amstel, regulado con esclusas para controlar las subidas del nivel del mar. Con los años se fue desarrollando su puerto hacia la desembocadura, en la bahía del Ij, en el mar del Norte, constituyendo una línea portuaria discontinua de más de 30 kilómetros.

En la década de los setenta del pasado siglo las compañías abandonaron los viejos muelles, mucho menos operativos que los nuevos, y comenzó la decadencia de los Eastern Docklands, desmantelándose muelles y almacenes desde los ochenta. Tras años de planificación y debates comenzó el desarrollo urbano de esos espacios con un modelo de alta densidad edificatoria fruto de le necesidad de vender suelo para obtener recursos con los que afrontar la transformación urbana.

En los noventa prosiguió el desarrollo hacia otros muelles sin uso. La elección de diseñadores de prestigio mediante concursos internacionales y el establecimiento de unas pautas claras facilitaron el trabajo y aparecieron nuevos barrios -Java, KNSM, Borneo, Sporemburg- combinando usos residenciales, comerciales y públicos. Salas de conciertos y auditorios, paseos y edificios como el EYE Filmmuseum constituyen una oferta potente y con capacidad de atracción.

Los viejos muelles están hoy unidos por multitud de puentes peatonales y accesibles en bicicleta, y la lámina de agua se aprovechó no solo para marinas náuticas, sino también para la instalación de barcos museos o barcazas convertidas en restaurantes. 

Residencial

La ciudad apostó por un uso mixto sin rechazar el residencial en ciertos puntos, y en el viejo puerto se construyeron cerca de 2.500 viviendas.

Los desarrollos urbanos se llevaron a cabo mediante una sociedad de gestión liderada por el Ayuntamiento de la urbe, recurriendo a financiación mixta, con presencia también de capital privado.

El de Ámsterdam no es un puerto cualquiera, sino uno de los más grandes de Europa. En total, la longitud de su frente portuario es de unos 63 kilómetros -A Coruña tiene 5,5- y, tras los cambios desde los años setenta, 13 de ellos -los más cercanos a la urbe- se han hecho accesibles para el público.

Los muelles de Ámsterdam ocupan 5.074 hectáreas, sin contar la lámina de agua. Todo el municipio de A Coruña mide 3.700 hectáreas.

Con tales magnitudes, la mayor parte del puerto holandés sigue tiendo uso industrial (50 %) y comercial portuario (42 %). El 8 % es el espacio recuperado para uso ciudadano. Es decir, se ha actuado sobre unas 504 hectáreas. En esta última cifra Ámsterdam y A Coruña sí son similares, pues esa es la superficie que quedaría liberada en la ciudad cuando San Diego, Batería y Calvo Sotelo se queden sin su actual actividad industrial.

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