Incubando la tragedia a bordo del trasatlántico «Infanta Isabel»

De A Coruña a Las Palmas la gripe viajó con los emigrantes que ocupaban la tercera clase


Historias con historia

Era uno de los mejores trasatlánticos españoles. Rápido, seguro, hermoso. Construido en 1912 en Inglaterra, pertenecía a la compañía naviera Vapores Correos Españoles de Pinillos, Izquierdo y Compañía de Cádiz. Hacía la ruta de Cuba, recorriendo los puertos de Barcelona, Valencia, Cádiz, A Coruña, Las Palmas y La Habana. Movido a vapor y con 160 tripulantes, el buque admitía carga y pasaje. Además de ocho camarotes de lujo, podía llevar hasta 140 pasajeros de primera clase en la cubierta de paseo, 120 de segunda y otros 120 de segunda económica en la popa, y 1.500 de tercera, debajo, en los entrepuentes. Cada clase tenía camarotes, comedores y salones separados con comodidades adecuadas a su categoría.

A las siete de la tarde del 26 de septiembre de 1918 fondeó en el puerto de A Coruña. Traía en tránsito unos 296 pasajeros y el viaje, desde Barcelona, se había desarrollado sin incidencias. Aquí cargó 89 sacas de correspondencia, 50 bueyes vivos para su consumo, 70 toneladas de vino y 2.000 toneladas de carbón. También recogió a 850 pasajeros que habían pagado de billete 1.777,25 pesetas los de primera; 1.242,25 los de segunda; 949,75 los de segunda económica y 346,10 los de tercera. La mayoría de estos últimos eran emigrantes pobres que marchaban para Cuba y que ya llevaban días hospedados en la ciudad.

Entre los pasajeros que subieron en A Coruña destacó la excéntrica y filantrópica millonaria cubana Rosalía Abreu que embarcaba con un vagón completo de equipaje y una colección de chimpancés, monos y otros animales que había traído por ferrocarril y que fueron contemplados por muchos curiosos en la estación de A Gaiteira.

Su nombre completo era Rosalía González-Abreu y Arencibia. Dueña de una enorme fortuna, en su quinta habanera de Las Delicias, popularmente llamada Finca de los Monos, estaba reuniendo una amplia colección zoológica, en la que destacaban los primates traídos de África y Asia -con los que formaría la reserva de monos cautivos más grande del mundo-. También subió el acaudalado político cubano Ibrahim Urquiaga y Aristía.

Recopilando las escuetas noticias de los periódicos podemos aproximarnos, aunque de forma fragmentaria, a lo sucedido. Antes de entrar en el barco, según el médico de abordo, todos fueron sometidos a inspección, rechazando a más de 160 individuos. Según algunos pasajeros, muchos emigrantes estaban enfermos y se caían con vahídos en el muelle y a pesar de sus protestas, los dejaron embarcar. Sea como sea, un insidioso visitante se coló: el virus de la gripe española que en A Coruña iniciaba su imparable y trágica expansión.

El barco partió el 28 hacia Las Palmas. Todo transcurría con normalidad, pero a los dos días de viaje se supo que en la tercera clase la enfermedad se propagaba. El pasaje se encerró en sus camarotes. El Infanta Isabel llegó el 2 de octubre por la mañana a Las Palmas. Avisadas las autoridades sanitarias de que traían enfermos, antes de autorizar el desembarco, inspeccionaron el navío. Quedaron horrorizados y alarmados con lo que traía y había pasado. Continuará.

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