¿Por qué A Coruña es clave para producir aluminio?

Mila Méndez Otero
mila méndez A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

CESAR QUIAN

La planta, que tuvo varios dueños, ha dado empleo a tres generaciones de coruñeses

27 dic 2018 . Actualizado a las 23:02 h.

A Coruña reunía las características perfectas. Aquí abundan el agua y la producción de energía eléctrica e hidráulica. Lo mismo en San Cibrao (Cervo) y en Avilés. Esas fueron las razones por las que el noroeste de España se convirtió en el rincón elegido por la compañía francesa Pechiney - fundada en 1955, ahora pertenece al gigante minero canadiense Rio Tinto Alcan. Durante un período corto de dos años estuvo en manos de la española Villar Mir- para montar sus plantas de producción de aluminio. Este fue el origen de un polo industrial en la ciudad con Grafitos Eléctricos del Noroeste (Genosa) y Aluminio de Galicia a la cabeza. Más tarde habría que añadir Silicio Sabón, que pasaría a manos de Ferroatlántica.

Hoy, Genosa pertenece al japonés Showa Denko y Aluminio de Galicia es la actual Alcoa. En 1961 salió el primer metal producido en las cubas de A Grela. Casi 60 años después, el 1 de diciembre, fecha en la que expira el plazo para el expediente de extinción de empleo masivo, podría salir el último. «Vamos a luchar para impedir eso», dice tajante Nazario Arias. Es operario y sindicalista de CC. OO., fue también presidente del comité de empresa. Tiene 59 años, los mismos que la factoría, de los que lleva 42 trabajando en ella. «Empecé cuando era un crío. Quiero jubilarme aquí pero, sobre todo, quiero que los jóvenes de 20 años sigan pudiendo encontrar aquí un trabajo. Nos están negando el pan», dictamina.

Los inicios

Nazario es un superviviente de todos los procesos por los que ha atravesado la planta. Primero privada, después pública, Inespal, y, desde 1998, otra vez privada. «Vivimos muy buenos momentos. No solo cuando fue estatal. También con Pechiney. Lo malo, lo que nunca nos imaginábamos, es lo que nos iba a deparar Alcoa. No tiene nombre», afirma molesto. La aluminera estadounidense, uno de los líderes mundiales en el sector, adquirió un paquete con una decena de plantas en España, la coruñesa incluida, por 65.000 millones de las antiguas pesetas (390 millones de euros).

La privatización se llevó a cabo durante el Gobierno popular de José María Aznar. «A Alcoa la jugada le salió, me atrevería a decir, gratis. Todas las reformas que tuvo que llevar a cabo para adaptarlas a las nuevas normativas medioambientales las dedujo del precio de compra. Aquí, la última adecuación de las máquinas y la canalización al río Monelos la pagó el Estado. A los americanos les han pagado por cerrarnos», sentencia Nazario Arias, que añade: «Entre 1998 y el 2014 ganó 1.500 millones de euros gracias a las ventas de su producción en España».

A pesar de los sustos, el más importante el del 2014, cuando la norteamericana amenazó con un ERE, nunca se habían encontrado con un panorama tan desolador. «Queremos que Alcoa se vaya. Que se aplique el artículo 128.2 de la Constitución y que esto se nacionalice. Es lo que dice este apartado para los monopolios, y Alcoa lo es. Solo nosotros, con las plantas de Avilés y una de las dos de Cervo, elaboramos aluminio en este país», alega Nazario. «Un aluminio que ha recibido reconocimientos internacionales. Hasta la competencia, Hydro, nos elogia y compra producto», exclama.

Una fábrica «obsoleta»

Una de las alternativas que los puede salvar es la compra por parte de otra compañía. «Algo de esto se ha hablado pero, ahora, el comité de empresa se tiene que centrar en sacarse de encima el ERE de extinción», remarca Nazario. Sobre las razones que alega la marca norteamericana para irse, es igual de crítico. «No es una fábrica obsoleta, la han hecho obsoleta. Tenemos una tecnología antiquísima. Desde el año 98 no se ha cambiado apenas nada. Las mejores máquinas de esta empresa son los brazos de sus obreros», subraya.

No se puede evitar el tema que siempre figura sobre la mesa: el coste de la electricidad. «¿Cómo no va a escandalizarnos? Aquí no hablo como trabajador, sino como usuario. Hay que regular el precio de la energía de una vez», implora.

Media de edad

Emilio Gómez Monterroso entró en la época de Inespal Metal. «Llevo 29 años. Es un trabajo que me gusta, producir aluminio. Es lo que sé hacer. Hasta el 2012 aquí estuvimos bien», recuerda resignado. La media de edad de los 369 empleados en A Grela es de 40 años. «Tengo 32, empecé hace 9. Siempre estuve con Alcoa en la dirección y siempre con rumores de cierre. Un día tras otro. Era una pesadilla. Ahora lo veo muy real», confiesa Estefanía Muíños. Solo hay cuatro mujeres en la fundición. Estefanía pertenece a la generación más joven con la que se renovó el cuadro del personal. Antes que ella, su padre ya trabajó aquí haciendo aluminio primario.