La gripe española viajó en trasatlántico

En A Coruña la enfermedad desembarcó de la nave Reina María Cristina el 27 de septiembre de 1918


La gripe española ya estaba en A Coruña. El 19 de septiembre de 1918 mató, de neumonía gripal, a su primera víctima, Herminia López Iglesias, de 35 años, hija del propietario del Hotel Gran Oriente. El hotelito, de precios módicos, estaba en la plaza de Pontevedra, en una casa de tres pisos (que aún hoy existe). Su dueño, Juan López Fernández, solía, así lo anunciaba en prensa, estar presente a la llegada de los trenes en la estación de ferrocarril de A Gaiteira y a la de los vapores en el puerto para recoger gente. Posiblemente algún portador se alojó en el establecimiento y contagió fatalmente a su hija. Es una hipótesis, ya que no hay testimonio de cómo fue.

El 25 murió la segunda víctima, el recluta de 22 años José Suárez Varela. Su peripecia trágica fue la misma que la de muchos otros soldados en España. En la primera quincena de ese mes los quintos de su reemplazo se incorporaron a los cuarteles. Algunos ya estaban infectados y su hacinamiento en espacios cerrados favoreció la contaminación. En A Coruña el foco estuvo en el Regimiento de infantería Isabel la Católica en el cuartel de Atochas. El 22 de septiembre se notificaron los primeros enfermos y el 25 ya había 152 soldados atacados, falleciendo el primero en el Hospital Militar; tres días más tarde lo haría el segundo recluta, José Varela Pose. Caerían más.

El 27 la enfermedad se amplificaba. Según la prensa, ese día la casa número 13 de San Agustín, donde servían comidas a los soldados, cerró por hallarse atacadas de gripe las personas que la habitaban y además había tres cobradores y dos conductores de tranvía enfermos. Durante la misma jornada un factor externo contribuiría a agravar la situación. A las dos de la tarde fondeó en la bahía el vapor trasatlántico Reina María Cristina. Procedía de La Habana, de donde había zarpado el 14, y traía 598 pasajeros para A Coruña, 89 para Gijón y 133 para Santander. Era emigrantes retornados y viajeros procedentes del Caribe y de Estados Unidos. Además de mercancías y correo, transportaba la gripe.

Durante la travesía algunos viajeros y tripulantes enfermaron. El 20, una niña de diecisiete meses, murió de bronco neumonía, siendo arrojado su cuerpo al mar. Y poco antes de entrar al puerto coruñés murió de neumonía gripal el pasajero de tercera clase Santiago Piñón Fontiche de 43 años, natural de Mugardos. Además había otras tres personas graves. Como la gripe se consideraba epidemia de segunda clase y no había obligación legal de cuarentena, las autoridades permitieron el desembarque. El cadáver fue enterrado en el cementerio de San Amaro y los tres enfermos trasladados al Hospitalillo de enfermedades contagiosas (hoy cuartel del Metrosidero de la policía local). Los viajeros antes de bajar a tierra fueron reconocidos por el director de Sanidad Exterior y se desinfectaron sus maletas y petates. De poco valió. Muchos se alojaron en las fondas y hoteles de la ciudad para después partir hacia otros lugares. Su estancia y traslados ayudarían a extender la pandemia en A Coruña y por Galicia.

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