La última oportunidad de las galerías

Vecinos y propietarios están dispuestos a ceder locales a precios simbólicos para parados y emprendedores si el Concello colabora acondicionando el espacio comercial


a coruña / la voz

Abrieron en 1972 y tras una época de esplendor en la que fueron el epicentro comercial de Os Castros, el espacio que ocupan las antiguas galerías es un callejón oscuro que conduce a una planta de puestos desértica. Unas escaleras infinitas, sin luz natural y con las paredes llenas de pintadas, conectan la avenida de Oza con la calle de la Merced. Es en esta entreplanta donde está el viejo mercado. Hubo momentos en los que aquí había 102 tenderos despachando. Hoy, las verjas están bajadas. No busquen tras el mostrador.

Las modas y el continuo abandono municipal fueron su sentencia. Aquí, los vecinos hacen un alto en el camino. «Aún no es de muerte», advierte Paulo Sexto, del colectivo vecinal Oza Gaiteira-Os Castros. Un par de locales todavía dan vida a este centro comercial fantasma. «Llevo desde el principio, 46 años», dice Herminio Rodríguez. Su bar, Minín, es el único negocio que nunca tiró la toalla. Jubilado él, lo regenta su hijo. «No nos fuimos porque nos fue bien», subraya Herminio. 

Esperanza en los jóvenes

Dolores Neira no consigue batir el récord del Minín pero también suma años, 29, vendiendo en Flores Obdulia. «Nunca me plantee cambiar de lugar», asegura Dolores. En la planta del mercado ellos son los únicos. «Algunos puestos se alquilan como almacén, en otro un chico ha montado un taller de reparaciones», Paulo Sexto lleva la cuenta. En el acceso a las galerías por abajo, por la avenida de Oza, Pilar Seijo lleva dos decenios subiendo bastas y cosiendo por encargo. Ahora tiene a otra vecina, «la boutique de la entrada abrió hace poco».

Son pocos, pero no se rinden. «Queremos que el Concello reaccione y convoque una reunión con los propietarios de los puestos. Tanto las escaleras como los accesos son municipales. Solo pedimos que los adecenten, también los pasillos del propio mercado, que se cederían. Con una población mayor, las escaleras mecánicas son indispensables. También, la dotación de iluminación y que se limpien las pintadas. Con grafitis, si quieren, pero con gusto. Crear un espacio agradable, que invite a entrar y no a huir», dice Herminio Rodríguez. Paulo Sexto apuesta por ceder los locales a precios simbólicos, «hay quienes los dejarían gratis con tal de que haya actividad. Los alquileres rondarían los 50 o 60 euros, para pagar la comunidad. Para los parados puede ser una oportunidad. Crear espacios de coworking, de artesanía y de exposición. Para los dueños supondría revalorizar sus puestos. Con la alta densidad de población del barrio se pueden repetir fórmulas de éxito que resultaron en otras zonas», defiende Sexto, en referencia a San Agustín. Herminio, Dolores y Pilar son unos supervivientes. Ellos prefieren verlo de otro modo: «La prueba de que esto puede funcionar».

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