Ya son seis los barrios unidos a la iniciativa cívica de borrar pintadas

Preparan una «gran acción vecinal» para denunciar la «inacción» del gobierno local

Plataforma Non Máis Pintadas.
Plataforma Non Máis Pintadas.

A Coruña / la voz

Son varios los problemas. El primero es que la ciudad está llena de pintadas. Feas como un dolor. El segundo es que el gobierno local, según numerosos coruñeses, no limpia todas las que debería. El tercero es que han de ser los vecinos quienes se encarguen de ello. Y cada vez son más los barrios que se unen a la plataforma Non Máis Pintadas. Los últimos en sumarse fueron residentes de Vioño y parte de Os Mallos, a los que hay que agregar ahora a los de la Ensenada del Orzán, una de las zonas más castigadas por los grafiteros, que pintan a su antojo por aquí y por allá sin que nadie les ponga freno.

El problema ha sacado a la calle a vecinos de los barrios más afectados. Residentes en la Ciudad Vieja, Zalaeta y Elviña han escenificado su enfado con movilizaciones en sus calles. Productos de limpieza en mano, dejaron paredes garabateadas en lienzos en blanco. En muchos casos, no sirvió de nada, pues horas o días después volvían a aparecer manchadas. La proliferación de manchas, trazos, firmas, garabatos y dibujos sin motivación artística alguna, unido a la «inacción» municipal, fue lo que causó lo que está ocurriendo en estos momentos. Acciones que motivarán otras acciones. La gente ha respondido porque está harta de que se manche la ciudad y no se haga nada para eliminar las pintadas», denuncia uno de los impulsores, Juan Ignacio Borrego.

Esta semana habrá una reunión de residentes de los barrios afectados, que ya son seis, y miembros de la plataforma Non Máis Pintadas para preparar «una gran acción» que «llamará la atención a la ciudad entera y pondrá el foco en el grave problema que estamos padeciendo sin que el gobierno local asuma sus responsabilidades», anuncia Juan Ignacio Borrego. Por el momento no han querido avanzar nada más allá de que se producirá en la tercera semana del mes en curso. El problema de los grafitis no solo afecta a las fachadas de los edificios. Con valor arquitectónico y sin él. O a estatuas, señales o semáforos. También a comerciantes.

Estas últimas semanas varios negocios de la zona centro volvieron a amanecer con sus escaparates y paredes llenas de garabatos. Y han de ser los propietarios o inquilinos de esos establecimientos los que se encarguen de su limpieza; si bien se dan casos en que, «agotados» por el problema han optado por no volver a limpiar y dejar lo que está.

Emilio Gómez Souto es uno de ellos y, junto al resto de comerciantes de la Ciudad Vieja piden que se incremente la vigilancia. Pero el año pasado solo se impusieron 46 sanciones por hacer pintadas, una cifra similar a la de años anteriores. El último gran esfuerzo contra las pintadas se desarrolló en el 2014, cuando el Ayuntamiento identificó a cinco de los grafiteros más prolíficos -a alguno le atribuyeron cerca de un centenar de pintadas- y denunció sus acciones ante la Fiscalía. Pero el número de sanciones ordinarias fue poco mayor que en el 2017, 48 multas, y la oleada de pintadas no remitió.

El Ayuntamiento no concreta cuántos grafitis eliminó el año pasado, aunque la limpieza de espacios públicos sí es de su competencia. Pero la eliminación de pintadas sí provocó una polémica cuando se supo que el gobierno local había dado orden de suprimir aquellas con mensajes contrarios a la Marea Atlántica.

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