Dos siglos y medio de bel canto

La construcción de los primeros teatros de ópera en A Coruña, Santiago y Ferrol marca el nacimiento de este género en Galicia de la mano del napolitano Nicola Setaro


A Coruña / la voz

El teatro era de un azul desvaído y un amarillo mugriento. Los caballeros llenaban el patio de butacas. El pueblo llano, atrás, de pie. Las mujeres, en el gallinero. Las grandes familias, en los palcos. Suenan los primeros compases de La serva padrona, de Pergolesi. Junto al escenario un hombre se ata una cuerda a la cintura, trepa al tejadillo y salta. Mientras cae, sube de forma abrupta el telón. Entre el público se sentaba el poeta inglés Robert Southey, que el 15 de diciembre de 1795 nos dejaba esta descripción del Coliseo de la Florida, segundo teatro levantado en A Coruña por el empresario italiano Nicola Setaro.

Galicia conmemora este año, de la mano de Amigos de la Ópera de A Coruña, una efeméride de primer orden: la aparición de este género en la comunidad hace dos siglos y medio, gracias al napolitano. Setaro, que también cantaba (era bajo), montó su propia compañía y recorrió Europa para dar a conocer la ópera italiana. En España entró por Barcelona, bajó a Andalucía, cruzó a Portugal y subió finalmente a Galicia, donde sentó las bases de la ópera gallega con la construcción de varios teatros a partir de 1768. No existían el telégrafo ni el motor de combustión, faltaban 21 años para la Revolución francesa y dos para que naciese Beethoven o para que Priestley descubriera el oxígeno.

Pero teníamos ópera. Setaro eligió Santiago para construir su primer teatro, provisional, el 11 de abril de aquel año, con la ayuda del maestro carpintero Francisco Casal. Era apenas un galpón ubicado en una de las plazas intramuros o en algún descampado próximo, con una techumbre elemental, según consta en la obra La arquitectura teatral en Galicia, de Jesús Ángel Sánchez García y editada por la Fundación Barrié, texto de referencia, junto a El teatro de ópera en la península ibérica. 1750-1775. Nicola Setaro, de Xoán M. Carreira.

Sus malas relaciones con la Iglesia, que atacó «la frivolidad» de la ópera puso al empresario rumbo a A Coruña. En Puerta Real adosó a la muralla de la ciudad, también en 1768, otro teatro provisional que el conde de Croix, capitán general de Galicia, tumbó en carnaval de 1769 con la excusa de que iba a construir el nuevo puerto.

Consciente de que en el caladero militar pescaba a la mayoría de sus espectadores, Nicola apostó ese año por Ferrol, donde se estaba construyendo el barrio de la Magdalena. Y allí montó la Casa Teatro, su primera obra permanente, en el solar que mucho después ocuparía el Café del Comercio, entre las calles de la Magdalena y de la Iglesia, según precisa en su libro Sánchez García. En los arsenales encontró los materiales que necesitaba, y el 6 de agosto de 1769 se inauguraba.

Espoleado por el éxito de Ferrol, el maestro italiano regresa a A Coruña con la idea de representar ópera en ambas ciudades, y obtiene permiso del Ayuntamiento para crear un lujoso teatro (esta vez permanente) entre las calles de la Florida y San Agustín, donde hoy está la plaza del Humor. Se inauguró en 1771 y es el coliseo que el poeta inglés Southey describía en 1795.

Natalia Lamas, presidenta de Amigos de la Ópera de A Coruña, explica la trascendencia de aquella pujanza artística y empresarial de Setaro. Sus óperas, afirma, «pudieron ser disfrutadas por todos los ciudadanos, sin distinción de clases. Antes solo podían mezclarse en las plazas de la villa o en las iglesias». Ahora, para las autoridades primaba el interés por «proporcionar a los ciudadanos espectáculos para su entretenimiento», como también «el atractivo que tendría para los visitantes, ejerciendo como singular reclamo turístico».

Setaro intentó replicar este modelo en el País Vasco. Víctima de las envidias y recelos que levantaban sus óperas, fue acusado en falso de cometer «pecado nefando», sodomía. Fue encarcelado por orden del corregidor de Vizcaya el 23 de junio de 1773, siendo embargados todos su bienes, entre ellos la Casa Teatro de Ferrol. Y aunque finalmente se demostraría su inocencia, su absolución llegó cuando había fallecido, en 1774. Tras él queda un ingente legado en Galicia: la semilla del bel canto, y el homenaje que Amigos de la Ópera le tributó la semana pasada con el concierto dramatizado Setaro, constructor de utopías, que se ofreció en la Casa de Mateus (Portugal) y el Teatro Rosalía de A Coruña.

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