El Delicias, el café de la vida de muchos

Javier Becerra
Javier Becerra CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA CIUDAD

josé c. pérez

05 oct 2018 . Actualizado a las 12:00 h.

Hay cafés y cafés. Y luego está el Delicias. Ahí, en la esquina de Cuatro Caminos, lleva incrustado su legendario letrero rojo desde 1958. Acoge desde entonces a decenas y decenas de coruñeses que lo ven como un icono de resistencia ante una oleada de hostelería moderna que se lo lleva todo por delante. Que sí, que zamparse hamburguesas de novillo argentino con japaleños en una mesa danesa de los años cincuenta mola. Pero sentarse en esas crujientes sillas de madera a tomarse un bombón delicias, también. Incluso más.

Ese bombón delicias no es otra cosa que un café solo con leche condensada, una gochada que hace honor al nombre del local: está deliciosa. Mmmm... Pero al margen de la sabrosura del producto se encuentra el entorno. Porque el Delicias es un local como los que ya no quedan. De los de amplios ventanales, mesas de mármol, partidas de dominó y póster del Dépor. Todo con el barniz amarillento del paso del tiempo. El de las cosas añejas de verdad. Lo que los modernos llaman vintage y se diferencia de lo retro en la autenticidad.

Se impone aparcar ese vocabulario aquí, porque el Delicias nada tiene que ver con ello. En ese café uno puede ver la quintaesencia del crisol humano coruñés. Sí, como ocurre en algunos pocos puntos de la ciudad (la plaza de Lugo, por ejemplo) allí se da cita una amalgama de gente variopinta sin más conexión que ese punto de encuentro. Uno acude allí cuando la madrugada empieza a dar paso al día y se juntan bingueros, juerguistas a los que le noche se les ha hecho corta, taxistas terminando el turno, trabajadores del puerto dándose un homenaje mañanero y madrugadores de la zona ávidos de periódico.