«Soy la última que queda en la calle»

La Voz

A CORUÑA CIUDAD

ANGEL MANSO

Una tienda de muebles es el único comercio abierto en una de las arterias de la zona monumental

20 sep 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Los días de Lurdes Gutiérrez recuerdan un poco al nombre del grupo con el que saltó a la fama Manolo García. Ella no es la última de la fila, pero sí «soy la última que queda en la calle». Regenta la tienda de muebles y artesanía Bomoble. En la rúa Nosa Señora do Rosario, la patrona desposeída de su día festivo en la ciudad, el bajo que ocupa es el único comercio abierto al público. Al lado tiene un restaurante. Pero, como tienda, la suya está sola. «Al principio de la cuesta está Tierra de Fuego, de objetos de decoración y recuerdos -su responsable es el presidente de la asociación de comerciantes de la Ciudad Vieja-, pero la puerta de la tienda está en la calle con la que cruza, rúa Ángeles. En el otro extremo, arriba de todo, hay una barbería, pero su entrada tampoco da aquí, sino a Porta dos Aires», explica Lurdes.

Si se pasea una mañana de semana por la vía, la totalidad de los bajos están cerrados. Cuenta con dos estudios, el bar de cenas El Descansillo y nada más. Pocas calles hay en el centro de A Coruña que puedan presumir, a su pesar, de tal soledad comercial. «Antes estábamos en la plaza de Ourense. Desde hace tres años nos vinimos para aquí. Me gusta el casco antiguo, me parece mágico. Lo que sucede es que no hay flujo de gente. En la Ciudad Vieja tienes que ser tú, como comerciante, el que la atraiga ya que nadie viene a pasear por aquí. Sería bueno que abrieran más negocios, no me importaría incluso que fueran de la competencia», remarca Lurdes. Ser una suerte de «isla de comercios es durísimo, sobre todo en invierno. Hay días en los que pueden entrar solo una o dos personas». Especializados en diseñar y elaborar muebles a medida, «trabajamos mayoritariamente por encargo y el alquiler que pagamos es asequible», justifica. Hace un inciso y sale a la calle. Justo delante está la placa que recuerda que «María Pita defendeu heroicamente as murallas da cidade neste lugar o 14 de maio de 1589».

La lámina pasa desapercibida a ojos de los vecinos, la mayoría de los que caminan por aquí. «Soy de Oviedo y defiendo la peatonalización. No creo que la causa de que no haya gente sea la prohibición de aparcar. Es que no hay una red comercial», opina. «Antes aquí estaban la Velvet o la Fundación. Éramos cinco o seis. Primero solo se dejó aparcar a residentes. Ahora a nadie. ¿Cómo van a venir nadie a tomar algo?», pregunta Gerardo Quintela, que lleva desde hace siete años El Descansillo. Lurdes tiene claro que este es su lugar: «Quiero creer en esta zona ahora que es peatonal».