Hosteleros en fuera de juego


Suso, que es hostelero en la zona de Riazor, encajó como pudo el doble disgusto del 29 de abril. Primero, porque es muy deportivista y sufrió al ver que su equipo descendía por tercera vez en siete años. Y segundo, porque empezó a echar cuentas… en jarras de cerveza despachadas. Y los números se le torcían por culpa de ese descenso. Ni se le pasaba por la cabeza entonces que recibiría un tercer revés. Y de los gordos.

La Segunda División se parece poco a la Primera en las cuentas de un hostelero. En general, los equipos rivales no arrastran a tantos seguidores, la afluencia local al estadio se reduce y los deportivistas que vienen desde otras poblaciones se asoman bastante menos a Riazor después de perder la categoría.

La pérdida global de negocio por un descenso, que mi amigo Suso intuía aquel 29 de abril, han tratado de expresarla con cifras varias cámaras de comercio. Aunque, todo hay que decirlo, con un resultado diverso, que va de 5 a 28 millones de euros por temporada. Tiene su lógica. No todos los clubes tienen detrás el respaldo de ciudades grandes. Ese tope de 28 millones se calculó en el caso del Granada, mientras que la Cámara de Comercio de Zaragoza cifró la caída del club aragonés en 8 millones de impacto directo para la ciudad, y otros 12 de indirecto.

Suso, que usa el método, más empírico, de contar jarras vacías, no necesitaba tantos datos para alimentar su disgusto, que, sin embargo, se vería aliviado en junio por dos buenas noticias: el Sporting de Gijón, que es uno de los equipos de España que más aficionados desplazan, se quedaba otro año en Segunda División, y además, el sorteo de la Liga indicaba que llegaría a A Coruña en el primer partido de Riazor. Entonces, Suso volvió a contar jarras y tuvo un subidón importante. La cuenta, muy sencilla, la repasaba esta semana en La Voz de Galicia el presidente de las peñas sportinguistas: 4.000 aficionados, a 250 euros de gasto cada uno…, un millón de euros para la ciudad.

Los hosteleros se frotaban las manos. El duelo con el Sporting parecía un oasis en el desierto de Segunda. Riazor estaba patas arriba por las obras, sí, pero el Ayuntamiento había anunciado que acabarían «el 14 de agosto». Craso error. El tercer revés para Suso convertía el oasis en espejismo. La mayoría de los hinchas del Sporting se quedan sin entrada y tendrán que ver el partido por la tele. Las jarras de cerveza deberán esperar. El problema es que ni el Mallorca, ni el Málaga, ni el Zaragoza, cuando lleguen, van a meter 4.000 seguidores en la ciudad. Quedan pocas balas en la recámara: el Oviedo, el Lugo... Esperemos que para entonces los cálculos sean más precisos y los hosteleros eviten otro fuera de juego.

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