Un huso horario para Labañou


Ojito, ojito que si los europeos nos han removido las distancias y los tiempos, a poco que rasquemos, los de Coruña nos encontramos con diferencias grandes entre los del Este y los del Oeste en esto del huso horario. No hace falta que nos calentemos mucho para que enseguida los de Labañou reclamemos esos minutos de desfase que tenemos con los de Matogrande y Novo Mesoiro, donde sin duda amanece más temprano. Y por supuesto nada que ver con los de O Burgo, que ven salir el sol con más antelación. Puede parecer a simple vista que Coruña es igual en el Este que en el Oeste, pero que se lo digan a un funcionario de la Xunta que tiene que madrugar para salir pitando por la autopista a Santiago, ¿en qué zona se queda?

No digo yo que en Labañou no tengamos muchos funcionarios, pero cuando se inició aquella guerra fratricida entre Matogrande y Los Rosales, cuando las conversaciones giraban en torno a cuál de los dos barrios era mejor para comprar un piso, los que trabajaban en la Xunta lo tenían claro: todos tiraron para Matogrande. Amanecían antes y esos minutos de desfase horario con los que apostaban por la nueva zona pegada a Labañou eran lo suficientemente significativos como para desecharla. Ese gueto funcionarial de Santiago se giró al Este por comodidad, ellos ganaban bien 20 minutos con respecto al otro huso, el de Labañou, que se quedaba atrapado en otro tiempo. Por no hablar de las diferencias que puede haber entre el número 8 de la ronda de Outeiro y el 425, hay un abismo semejante al de Los Ángeles con Nueva York en todo. No puedo hablar del número 1 -sede de este periódico, porque como sabrán aquí no se pone el sol-, pero sí hay base para razonar que hay barrios en que los tiempos son distintos. Que crecieron movidos por su actividad comercial en función de la noche o el día: nada tenían que ver los de A Gaiteira y Os Castros que se miraron en el madrugón del Muro o los del Agra del Orzán en la refinería... El de Labañou, marcado por la puesta de sol y el viento frío de Corea... del Norte, no amanece hasta que no abre la carnicería de Paco, referencia absoluta para los vecinos, como las tiendas de Pepe y de Ángeles. Si ellos arrancan a las nueve, antes no hay mucho que hacer, así que lo que diga ahora el huso europeo nos va a afectar poco, nos desubica mucho más salir a la calle y ver su verja bajada. El cierre lo pone la farmacia de Miguel (que pliega a las 22.00), por eso no nos hace falta siquiera mirar el reloj para saber que aquí el ritmo es otro. Los cinco minutos de desfase con Matogrande nos saben a gloria en las largas tardes de verano, cuando ese tiempo nos sitúa como los coruñeses del Oeste, los que se tiran al Portiño para ganarle cualquier segundo más al sol.

Autor crÓNICAs coruñesas Sandra Faginas

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