El parto que emocionó a Venezuela

El personal del Belén recibió a Olivia, de padres caribeños, cantándole. El vídeo de la nana-himno se hizo viral en horas

El parto que emocionó a Venezuela El personal del Belén recibió a Olivia, de padres caribeños, cantándole. El vídeo de la nana-himno se hizo viral en horas

a coruña / la voz

Es «la que trae la paz», que eso es lo que significa su nombre, dice su mamá con la dulzura del Caribe. Pero ella ni siquiera lo sospecha. Olivia, 2.770 gramos de pura ternura, tampoco sabe que el canto espontáneo con que la recibió la vida en un paritorio de A Coruña la ha convertido en famosa. Al menos para la diáspora venezolana forzada al exilio para huir de una debacle anunciada. Viral desde el minuto cero se ha hecho el vídeo en el que, nada más nacer y tras sus mascarillas verdes, suena el canto unísono del personal para darle la bienvenida con la que ya es una nana-himno para quienes han descubierto, a las bravas, que la morriña es universal.

El 1 de agosto, a las 16.40 horas, Olivia abría ojos y pulmones al mundo en la Maternidad HM Belén, y, por obra y desgracia del sino de los tiempos, a su alrededor compartían sangre venezolana su ginecóloga, su anestesista y su enfermera. A las tres, espontáneamente, les salió un arrullo de nostalgia, la canción Venezuela (curiosamente, escrita por un español), que pronto se convirtió en viral. «No sabíamos que el papá nos estaba grabando», dicen. Pero sí, William fue el autor de ese vídeo que en unas horas cruzó charcos tocando las teclas del corazón hasta empañar miles de miradas. En poco tiempo sumó más de 600.000 reproducciones y cientos de comentarios sobre tan emocionante recibimiento de quienes, como dice la canción, llevan en la mirada el horizonte de la tierra que dejaron. 

«Yo la canto todos los días en casa», confirma la mamá, Gabriela Marcano, una joven de 29 años. Tiene familia en Cerceda, y hace tres años que la búsqueda de mejor fortuna la trajo a A Coruña. Todavía sobre la camilla y recién dada a luz, ella misma se sumó a ese coro dulce para su pequeña.

Fue la ginecóloga, Lorena Araújo, venezolana con dos años y medio en la ciudad, la que dijo: «Cantémosle algo bonito». También para eso allí estaba la anestesista Carol Torres, con una voz que «detiene el mundo», dice la doctora, en el primer escenario de la recién nacida vida. «Es una canción que no puedo acabar de cantar sin llorar», confiesa la médica-cantante.

Yailet Badillo, la enfermera, fue la culpable de que los primeros acentos para Olivia sonaran a casa: «Supe de la cesárea programada [el de Gabriela fue un embarazo de alto riesgo tras once operaciones por un grave accidente] y le dije a Carol si podía cambiar el turno para estar ella. «Estoy súper contenta de haber estado allí, fue un momento muy bonito, precioso. Me parece una locura lo que ha pasado, porque era una cosa para nosotros, ni siquiera sabíamos que nos estaba grabando», insiste la anestesista de voz cantante.

«Capaz que, si lo hubiéramos hecho a propósito, no habría salido así», apunta la feliz mamá. Todavía está sorprendida, lo confiesa, por la enorme repercusión de la llegada de Olivia, la que trae la paz.

«Mi corazón está allá, pero mi niña... está mejor acá»

De la velocidad a la que el canto para Olivia se propagó en la Red enseguida empezaron a tener señales. «Tengo un primo en Chicago y al poco me escribió para decirme: ‘¿esa eres tú?’», apunta Yailet. «Mi tío me envió un mensaje de que era viral en Twitter», añade el papá. «La abuela en un día logró medio millar de seguidores», dice la mamá. «A mí me reportaron hasta de Australia, somos tantos venezolanos por el mundo...», reflexiona Lorena.

En buena medida, la responsable de tal impacto fue «una tía mía- cuenta Gabriela- se lo envió a Sergio Novelli, un periodista venezolano que se fue a EE. UU. y documenta a los compatriotas en el extranjero». Así fueron muchos los que conocieron cómo se recibe en Galicia a los nuevos vecinos. Las televisiones, hasta la CNN, hicieron el resto.

«Olivia tiene un gran compromiso -valora medio en broma, medio en serio la ginecóloga que a trajo al mundo- está llamada a la trascendencia». Por lo pronto, y sin ni siquiera saberlo, su nacimiento ha anclado con más razones a la joven pareja a su nuevo hogar. «Nos sentimos en casa», resume el padre.

William, al que «ni por la cabeza se me había pasado salir de Venezuela», se decidió a dar el paso de emigrar cuando se casó con Gabriela. «Sabía que pronto habría más», cuenta. «Es lamentable, pero estamos mucho mejor fuera de nuestra tierra: lo que hemos conseguido acá en tres años, no lo lograríamos allá en veinte», reflexiona. Y eso a pesar de que, por el momento, ninguno de los dos ejerce su profesión. Ambos son enfermeros. Por ahora, él trabaja en la hostelería y ella en un centro de belleza donde «no podía encontrar mejor persona que mi jefa, Sonia», agradece la mamá. Aunque la esperanza de volver «sigue ahí», no entra ahora en sus planes que Olivia cruce el Atlántico. «Mi corazón está allá -dice el papá-, pero mi niña... está mejor acá».

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