La «grippe» que mató a Picadillo

En septiembre de 1918 reapareció la gripe española en los cuarteles de A Coruña


Volvió. Y su virulencia, en esta segunda oleada, era letal. A comienzos de septiembre de 1918 la llamada «grippe española» reapareció en España. Procedente de Francia y transmitida por contagio directo entre personas, irrumpía, según los informes médicos de la época, con «reforzada malignidad y acentuada tendencia a una rápida terminación pneumónica, en la inmensa mayoría de los casos mortales».

Además, incidía sobre organismos debilitados, en especial los de las clases populares, debido a la escasez y carestía de alimentos causadas por la especulación y la Gran Guerra, lo que facilitó e incrementó su morbilidad y mortalidad; solo se mostraron inmunes los que habían padecido la enfermedad en la primera oleada de mayo-junio.

Las primeras reseñas alarmantes, publicadas en la prensa, hablaban de que en Lorca, Murcia, y en Goizueta, Navarra, el 5 de septiembre había cientos de atacados y algunos fallecidos de forma fulminante. En los días sucesivos las noticias sobre nuevos focos se multiplicaron. La pandemia se extendía vertiginosamente por ciudades y cuarteles. Esa primera quincena de septiembre coincidió con la incorporación de los reclutas del cupo y en su mayor parte, sobre todo los del rural, llegaron, según los médicos militares, «en situación lamentable por falta de higiene y por carencia de vigor físico». Muchos enfermaron, contagiaron y murieron.

Primero, en Ferrol

En Galicia fue en Ferrol donde primero se conoció la presencia de la gripe. Del 10 al 11 de septiembre se habían contagiado 50 soldados en la Comandancia de Artillería. El 15 ya había 300 en el Hospital de Marina y un artillero muerto. El 19 eran cerca de 500, con defunciones diarias, registrándose también los primeros casos en la población civil ferrolana. Ese mismo día aparecieron noticias sobre el desarrollo de la gripe en Ourense, Vilalba, Bahamonde, Begonte, Lugo... Los lugares seguirían aumentando hasta abarcar toda Galicia.

En A Coruña, el 22, el periódico El Orzán informó que en los cuarteles de la ciudad ya se habían registrado casos de gripe, con 20 soldados en el Hospital Militar, y que había algunos afectados en la población civil. El 24 eran 58 los atacados. El 25 subirían a 152, repartidos entre el Hospital Militar y la enfermería del regimiento Isabel la Católica. Ese mismo día fallecería la primera víctima oficial en A Coruña, el soldado de infantería José Suárez Varela, de 22 años, por neumonía gripal. 

Lo peor, aún por venir

De los militares pasó a los paisanos, contagiando a los dueños de los locales donde comían, a los tranviarios y a las lavanderas de sus ropas, que a su vez extendieron la enfermedad por casas y aldeas de la periferia. El 30 eran 5 los soldados muertos y ese día ocurrieron las primeras defunciones de civiles. Entre ellas la del exalcalde y escritor Manuel María Puga Parga, Picadillo. Su muerte, a los 44 años por congestión pulmonar, fue muy sentida, pues era muy querido. El traslado de su cadáver por las calles de la ciudad y después hasta su pazo de Anzobre, en Arteixo, fue una gran manifestación de duelo. Lo peor acababa de empezar.

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