Humo del tren contra la tosferina

Vecinos de A Gaiteira recuerdan que de niños los llevaban a las locomotoras para respirar el vapor y evitar la enfermedad

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«Había niños que los traían envueltos y los ponían detrás de las rejas porque cuando venía la máquina del tren echaba una cantidad enorme de humo por los laterales... Ese humo yo lo probé muchas veces». Esto recuerda Manuel Rey Zas -«pero todos me conocen por Talán»- ante una fotografía del desaparecido puente de A Gaitera que volaba sobre las vías del tren. La imagen ha sido rescatada por José Carlos Alonso Sánchez, autor de la página web  www.asxubiasoscastrosagaiteira.wordpress.com, donde recoge imágenes e historias de estos barrios.

Tanto Talán como Luis Canosa, nacidos hace unas ocho décadas en A Gaiteira, evocan como de niños iban a respirar el humo de las locomotoras para prevenir la tosferina, una enfermedad infecciosa que provoca tos convulsa y es grave en niños y jóvenes. El azufre del carbón que movía las locomotoras estaría en el origen de este remedio «y de hecho hoy en día hay balnearios que usan el azufre», apunta Alonso.

«Yo iba al tren, a la máquina, porque aquí vivían muchos fogoneros y como los conocía iba para respirar directamente el humo y nunca tuve enfermedad ninguna», explica Talán. Luego señala sobre la fotografía del puente, datada alrededor de los años 70: «En esta casa nací yo: esta ventana era el servicio y había tres pisos; aquí había un almacén de pescado, el de Manolito Losada; este era de David, que tenía el bar David; había otro bar, el Avelino. Ahí detrás nació Paco Vázquez...». Así va recorriendo cada rincón de una fotografía que desde esta semana puede verse en el escaparate del comercio Sofá Confort, en la calle Posse.

En el cruce de la calle Gaiteira con Posse, otro vecino, José Regueira Carmueja evoca como «aquí no había salida». Y es que donde está ahora la valla de hierro del aparcamiento subterráneo estaba el cierre de las vías; en ese lugar arrancaba el puente que cruzaba la calle Posse por la que circulaba el tren: «Aquí arrancaba la primera escalera del puente y la bajada era lateral a la fachada del Sofá Confort», explica José Carlos Alonso, que ha colocado al lado de la foto un plano de la zona procedente del Arquivo Municipal, ya publicado, al igual que la fotografía, en este diario.

Regueira relata que al empezar a subir la calle Gaiteira, a la derecha, su familia «tenía tres caballos, siete cerdos, más de 30 gallinas, conejos ¡y ratas!».

La propina y la Leona

La tosferina era una enfermedad preocupante entonces y prueba de ello es lo que cuenta Luis Canosa: «A mí me llevaba mi abuela, que le daba propina al maquinista para que parara la máquina. A veces echaban carbón y en vez de salir vapor allí salía de todo... No sé si era para curar la tosferina o para cogerla [risas] pero yo nunca la tuve...». Claro que, entre bromas, apunta sobre su salud: «Tengo 81 años, pronto serán 82, y menos cherepa tengo de todo».

«Las máquinas estaban todo el día de maniobras: venían del muelle, de cargar el pescado, por lo que es hoy Ramón y Cajal. A la máquina le llamaban la Leona, ¡era terrible!: patinaba, porque venía cargando con 14 o 15 vagones», detalla Talán.

Recorrer la calle con estos vecinos es asistir a toda una lección de historia, ya que van evocando desde donde estaba el cine hasta que en A Gaiteira «había 13 bares y en la Fiesta del Clarete, que la hacía la Peña del Caldeiro, tenían que tomar un vaso de clarete en cada una de las tascas y cuando subían la cuesta ya no había manera...», relatan entre risas.

Y ahí siguen estos supervivientes de la tosferina gracias a aquella humeante prevención, mientras que, como contaba Raúl Romar en este diario el pasado de abril, un investigador gallego, Jesús Arenas, ha patentado una nueva vacuna contra esta enfermedad que durante años se prevenía en A Gaiteira con los humos del tren.

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