«Nos salvó el piloto de una moto de agua»

Una embarcación de recreo se incendió en la bahía con dos tripulantes a bordo

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a cORUÑA / lA vOZ

Uno de los principios básicos que rigen en el mar es el del auxilio, y ayer quedó demostrada una vez más la solidaridad entre los marineros, bien sean profesionales o deportivos. Gracias a esta colaboración dos hombres, Manuel Trinidad Sánchez, Falconeti, de 74 años y vecino de A Coruña, y Antonio Pérez Piñeiro, Tito, de 73, natural de Pontedeume y residente en esta ciudad, salvaron sus vidas después de que la embarcación en la que navegaban se incendiase al mediodía y se fuera a pique en la bahía coruñesa, cerca del dique de abrigo.

Los dos marineros fueron por la mañana a la embarcación de Trinidad, la Punta Galera, atracada en un pantalán en las inmediaciones del castillo de San Antón. Se trataba de una lancha de siete metros de eslora, construida en madera y fibra de vidrio.

Iban a probar el motor del barco, un intraborda de gasolina de 90 caballos de potencia. Tanto Trinidad como Pérez probaron el equipo de propulsión, «recién revisado» y todo marchaba bien. Aun así, quisieron asegurarse del buen comportamiento del motor «navegando unas millas mar adentro», señaló Antonio Pérez.

Pusieron proa al morro del dique de abrigo. En la popa de la Punta Galera llevaban una pequeña lancha neumática. «Cuando salimos aguas adentro ya noté que el motor no iba bien», señaló Pérez, «por lo que, por seguridad, me dirigí hacia Mera».

La travesía no iba bien. Los fallos continuaban «y de repente oímos una fuerte explosión». Un gran fuego se inició en la proa del barco, «en el tanque de gasolina».

Trinidad trató de sofocar las llamas con un extintor. Pérez también hizo lo mismo utilizando la bomba de achique del barco, «e incluso quise ayudar a apagar las llamas cogiendo agua del mar con un cubo y arrojándola sobre el fuego», manifestó. Pero todo fue inútil, el barco se convirtió «en un infierno».

Los dos tripulantes llevaban puestos los chalecos salvavidas. «Le dije a Tito que nos tirásemos al mar, que el mar no nos mataría, pero el fuego sí, que nos íbamos a morir», contó. Pero Tito, patrón de pesca de toda la vida, dijo que no. «No hay nada más seguro que permanecer a flote aunque sea encima de una racha del barco que se está hundiendo». Le dijo a Manolo que iban a abandonar la lancha, pero «saltando a la neumática».

La decisión era la más acertada, «pero el poco viento que había nos arrastraba hacia la Punta Galera, completamente en llamas. No íbamos a lograr salvar nuestras vidas porque la inmensa columna de fuego que envolvía el barco -y que se veía desde toda la costa próxima a A Coruña- nos iba a alcanzar».

El piloto de una moto de agua observó las dificultades en que se encontraban los dos marineros y se dirigió hacia ellos. «El calor de las llamas ya nos estaba afectando. Nuestra única alternativa era tirarnos al mar y nadar. Pero llegó la moto de agua. Le echamos un cabo y nos apartó de nuestro barco envuelto en fuego», contó llorando el dueño.

Salvamento Marítimo recibió la alerta. Desde Oza zarpó la Salvamar Betelgeuse y una de las embarcaciones de la Guardia Civil del Mar. Las dos lanchas llegaron al punto a los pocos minutos y pudieron comprobar que los dos náufragos ya se encontraban a bordo de una de las zódiacs de la empresa de instrucción submarina Nauga. «Se encontraban bien. Muy nerviosos, eso sí, y el dueño decía que lo había perdido todo».

Las tripulaciones de Salvamento y de la Guardia Civil terminaron de sofocar las llamas. Intentaron que los restos no se hundieran, pero fue imposible. También comprobaron si había contaminación marina, «pero todos los estudios dieron negativos».

Mientras, los dos náufragos, Trinidad, que pasó casi toda su vida de marinero y cocinero en el Gran Sol, y Tito, armador y patrón del cerco, pasaron por las dependencias de la Cruz Roja. No habían sufrido ningún daño. Ambos se marcharon para casa llorando de alegría por salvar sus vidas, y de tristeza por perder la embarcación.

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