A vueltas con el carril bici

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Buena se está montando en la ronda de Outeiro (tramo entre Pérez Ardá y la calle de la Merced) con la instalación del carril bici. Se quejan los vecinos del peligro que supone el proyecto que ha hecho el Ayuntamiento (también los comerciantes), y creo que en parte no les falta razón.

En el tramo que sube en dirección a la avenida del Ejército se ha pintado el carril bici de tal manera que queda encajonado entre la acera y la larga línea de coches aparcados. Esta fórmula no es nueva y ya la hemos visto, por ejemplo, en la Barcelona de Ada Colau, donde hubo tres ciclistas muertos en las calles el año pasado, o en el Madrid de Carmena, donde los usuarios bautizaron esta disposición del carril bici como «cómete mi puerta». Entre los automóviles aparcados y el propio carril para bicicletas hay una estrecha franja de separación, insuficiente para evitar que la puerta abierta de un automóvil invada el espacio reservado para los ciclistas.

Tampoco es fácil para los conductores estacionar bien el coche al perder la referencia del bordillo de la acera, y ya estos días, aún sin circulación sobre dos ruedas, hemos visto automóviles mal aparcados y metidos de lleno en esa franja de separación del carril bici.

Además, la ubicación de este obliga a prescindir de un carril para los coches en la ronda, de subida hacia la avenida del Ejército. Se pasa de tres a dos. Y como en el carril de la izquierda hay un giro regulado por un semáforo hacia la travesía Rianxo, en ese punto se detienen los vehículos cuando el disco está en rojo, de manera que ahí quedará solamente un carril para pasar, el del medio, lo que favorecerá los atascos.

Mención aparte requiere el otro sentido de circulación, de bajada en dirección hacia Pérez Ardá y la zona de la estación de autobuses. De ese lado no se pintará el carril bici, sino que coches y bicicletas compartirán la parte derecha de la calzada con la única ayuda de unas señales que advertirán de esa circunstancia. En algunas ciudades se ha experimentado con éxito esto del carril compartido, que además suele ser del agrado de algunos ciclistas, porque integra la bicicleta en el tráfico como un vehículo más. En estos casos la velocidad suele limitarse a 30 kilómetros por hora.

Pero la pregunta es si la ronda de Outeiro, que es la vía de mayor siniestralidad de A Coruña con 70 accidentes en el 2017, es la más adecuada para experimentar con esta fórmula. Y más aún si tenemos en cuenta que el tramo es cuesta abajo y que bicicletas y coches cogerán inevitablemente más velocidad. De ese lado, al menos, no funcionará el «cómete mi puerta», pero no sé qué será peor.

Autor Alfonso Andrade coruñesas

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