La vecina que vino de Oriente

La tórtola turca llegó a la ciudad hace casi medio siglo para quedarse

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Poco después de aparecer los primeros ejemplares en la década de los 70 del siglo pasado, las tórtolas turcas se dejaban ya ver por cada vez más rincones de la ciudad. Hoy es difícil visitar cualquiera de nuestros parques sin cruzártela. Con motivo de una gestión que tengo que hacer junto a la plaza Elíptica de Los Rosales, me entretengo observando una. Su actitud no es muy diferente a la de cualquier otro vecino: con gesto entre ausente, afable y circunspecto, pasea sin excesiva prisa, pero sin pausa, volcada en sus recados. Consisten estos, básicamente, en encontrar alimento. Ahora que lo pienso, hoy los míos también van un poco de eso.

Cuando decide que en ese parterre no hay más que echarse al coleto, abre sus alas algo cortas, de extremos oscuros, y, con un vuelo brioso, se aleja hacia un árbol. Tengo durante esos instantes ocasión de apreciar los llamativos márgenes pálidos del abanico de su cola. Otro rasgo distintivo, además de su color gris crema, a veces con tonos casi rosados, es el medio collar negro que luce en la mitad posterior de su cuello; parece una diadema desprendida de su cabeza.

Un misterio

La ciencia no ha dado todavía con los motivos de la rápida expansión de esta tórtola por Europa. Hasta principios del siglo pasado, apenas había registros más acá de Turquía, si bien era una especie abundante desde ese país hasta Ceilán. Su colonización comenzó en la década de 1900 por los Balcanes. Cinco décadas después ya había llegado a Irlanda, al tiempo que prosperaba pacíficamente por cada vez más pueblos y aldeas de este continente. Incluso se instaló al norte del círculo polar ártico, en Noruega. Y lo mismo sucedía en el otro extremo de su área de distribución, apareciendo en cada vez más regiones de China y Japón.

En España las primeras citas son de los años 60. Veinte años después se estimó que criaban ya en este país unas 400 parejas. El cálculo más reciente, de hace dos décadas, es de casi 40.000. Es probable que esta cifra no haya dejado de crecer. Lo sabremos cuando se conozcan los resultados del trabajo de campo realizado estos últimos años por los voluntarios de la Sociedad Española de Ornitología SEO/BirdLife, destinado a conocer el estatus de las aves de nuestro país.

Desde su llegada a Europa, la tórtola turca ha mostrado predilección por las áreas habitadas por humanos. Sin duda ha contribuido a ello su carácter confiado y tranquilo. Ahí regresa la que se acaba de marchar, como si se lo hubiera pensado mejor. Se posa a poca distancia de mí y se pone a pasear de nuevo. Ahora da la impresión de estar buscando algo perdido de gran valor.

Los adultos son aves sedentarias. Una vez eligen su hogar, ya no se alejan de él. Los responsables de esa expansión son por tanto los ejemplares más jóvenes. A veces se alejan incluso cientos de kilómetros del lugar donde nacieron. Si a donde llegan encuentran compañía, en primavera crean una nueva familia.

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