Las calles coruñesas más solitarias

Viales como Luchana, Cigarreras o Marchesi Dalmau solo tienen el número 1 y en otros no hay ni siquiera un portal


Canta Sabina a «esa amante inoportuna que se llama soledad», algo que afecta a unas cuantas calles coruñesas muy solitarias ellas. Y es que no pasan del número 1. Solo un número, un portal, una fachada. A pesar de esa soledad algunas están entre las más transitadas. Es el caso de la calle Marchesi Dalmau, en el Obelisco, y no parece que sea por el rito del paseo que cuenta Emilio Quesada en su libro En aquella Coruña: «No faltaba el obligado paseo por la calle Real y los Cantones, cumpliéndose el aserto de que todo buen coruñés debiera pasar una vez al día al menos por delante del Obelisco». Más que cumplir como buen coruñés, lo que lleva a las gentes a la calle de uno de los alcaldes de la ciudad (José Marchesi Dalmau, A Coruña, 1827-Oleiros, 1896) es que se trata de un vial de paso y cuenta con una tienda de ropa.

Doblete en el callejero

Quizá para compensar la cortedad de ese vial en el Obelisco, el que fuera alcalde en dos ocasiones, en los años 1890-91 y en 1893-94, tiene otra calle en la zona de Cuatro Caminos: Alcalde Marchesi. Dos mandatos, dos calles... Mejor no hacer cábalas.

José Marchesi no es el único que hace doblete en el callejero: Nuestra Señora del Perpetuo Socorro también tiene dos calles, una en Labañou y otra cerca de Cuatro Caminos, frente a la iglesia donde la veneran los redentoristas. Claro que esta última ha sido abreviada en las últimas placas quedando como Perpetuo Socorro y, en el cruce con Marqués de Figueroa, la huella de la placa anterior. Y aunque no es doblete, es curioso como en Matogrande está la calle Federico García y en la segunda fase de Elviña Federico García Lorca.

Y volviendo las calles solitarias, además de travesías como la de La Marina, en la que no hay ni un portal, o Luchana, que solo tiene uno, hay otras como María Barbeito que está entre las más cortas de la ciudad aunque su numeración evoca a los robots de La guerra de las galaxias Z3PO y R2D2. Y es que esta calle tiene el número 1, un edificio de tres plantas, y el 3 que solo llega al entresuelo: a partir de ahí están las habitaciones de la residencia universitaria de la calle Santiago.

Donde no hay dudas es en la calle dedicada a las Cigarreras: «Vino un repartidor preguntando si esto no era la calle Concepción Arenal y ya le expliqué que es la calle Cigarreras 1, solo tiene un número». Esto detallaba una de las personas que trabaja en la reformada Fábrica de Tabacos. En la esquina derecha de la fachada está la placa de esta calle, también muy transitada, mientras que por el lateral del inmueble discurre un vial que hace pocos años pasó a llamarse Abogacía. Dado el nuevo uso judicial de Tabacos, el nombre parece bastante acertado.

Para un gallego, una escalera

Claro que para acierto la Escalera Rafael del Río, que une las calles Fernández Latorre y Primo de Rivera. La idoneidad del nombre la argumenta una de las impulsoras del proyecto de recuperación histórica Pantasmas de Oza diciendo: «Que mellor cousa para un galego que dedicarlle unha escaleira!». Ahí está la escalera, para subir o bajar, que no es como la escalinata que ya suena a mayor notoriedad y hay una muy cerca de ese lugar y es la de Santa Lucía.

A Palloza da nombre a la plaza, la cuesta, la calle y hasta un muelle

Frente a la soledad de unas calles está la proliferación de otras. En número de portales la ronda de Outeiro parece que sería la más larga pero resulta que acaba en el 437, cerca del Millenium, mientras que la última casa de la avenida de Finisterre, al lado del lugar de San José, tiene el número 452. En cuanto a nombres, los hay prolíficos como el de Palloza: se aplica a la plaza (con artículo delante), la cuesta (sin la), la calle y el muelle, aunque este esté reservado solo a las gentes del mar. Algo similar ocurre en la ronda de Nelle, al acabar la subida desde Cuatro Caminos, un cruce donde es posible ver hasta tres placas diferentes: la de la ronda, la de calle y la de glorieta que existió en su día.

También tres placas se pueden ver en Maestro Clavé, el vial donde se instalaron unas escaleras mecánicas para subir desde Juan Flórez hasta la calle Capitán Juan Varela. En el inicio de la subida, a la izquierda, hay una vieja placa de mármol blanco que dice: Calle del Maestro José Anselmo Clavé. Enfrente y con diseño actual está indicado: Escalinata Maestro Clavé. Al llegar arriba, en la izquierda no hay ninguna placa y la de la derecha dice Calle de Maestro Clavé, que parece evocar cuando este era un vial de tierra antes de construirse las primeras escaleras.

Mil nombres con lista de espera y un desconocido «Epígrafe» en el barrio de las Flores

Epígrafe. Es el nombre de una calle de A Coruña según indica el callejero ubicado en la estación de tren de San Cristóbal. En ocasiones algún pasajero se para ante este mapa de la ciudad. Otras veces son las gentes que van a sentarse para ver llegar, o salir, a viajeros y trenes quienes lo curiosean. Dicha calle Epígrafe estaría en el barrio de Las Flores, pero al ir a buscarla a la cuadrícula indicada no está. Parece que el epígrafe tenía que haber sido sustituido por un florido nombre de calle de dicho barrio.

Otro dato que aporta ese callejero, si se le mira con paciencia, es el de los más de mil nombres de calles que tiene A Coruña. Y a ellos hay que unir casi una veintena aprobada por los grupos municipales y pendientes de encontrarles ubicación.

Además, ganan los nombres que empiezan por P, desde Pablo Neruda a Puerto Rico, con más de 160 viales. Le sigue las que arrancan con A, con una buena lista de Alcalde..., que superan las 130, y la C es la tercera con un centenar.

Emparejados y desparejados

En ocasiones las calles mantienen unidos a quienes lo estuvieron en vida y ahora les dan nombre: Juana de Vega sigue al lado de su marido, el general Espoz y Mina, aunque este esté con un único apellido dando nombre a la plaza. Eusebio da Guarda no ha tenido tanta suerte y ha tenido que marcharse a los Mallos, mientras que su mujer, Modesta Goicouría, tiene calle al lado del instituto que lleva el nombre de este benefactor. También separados andan Rosalía y Murguía, ninguno de ellos cerca de su casa en la Ciudad Vieja. Esto último también le ocurre a Ramón Menéndez Pidal que tiene una placa al lado de la Colegiata recordando que allí vivió, mientras que su calle está en los Mallos.

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