A Coruña, la bella desconocida del Camino

El tramo urbano de la ruta, poco transitado por peregrinos, impregna el carácter de la ciudad

c. a.
a coruña / la voz

Todos los Caminos conducen a Santiago, al tiempo que el mar baña el puerto coruñés con susurros de otro tiempo. Un tiempo antiguo en el que esta ciudad comenzó a recibir peregrinos llegados de tierras inglesas, tal y como testimonia la llegada de San Godric en 1102, el primero de quien se tiene prueba. El aspecto del hoy paseo de O Parrote nada tiene que ver con lo que aquel inglés se encontró. Sin embargo, y tal y como apunta la guía de Manuel Rodríguez que se ofrece en la oficina de información de María Pita, es ahí donde comienza el Camino Inglés en A Coruña.

Los primeros pasos

La primera concha que indica que estamos en el Camino no la hallaremos cerca de la iglesia de Santiago. El templo que porta el nombre del apóstol es una joya a la que llaman la iglesia «más antigua de Coruña», pues data de los siglos XII y XIII. Es precisamente ahí donde se debe solicitar la credencial para el Camino.

No es recomendable ir en el mismo día de inicio de ruta, pues su horario de apertura es algo tardío para la salida de los peregrinos, a las 11:30.

Dejando atrás la iglesia, por la plaza de Azcárraga, tan solo se oyen los pasos lejanos de los transeúntes y los rugidos no muy lejanos de la cotidianidad del puerto. Ya en la plaza de María Pita, la heroína coruñesa se alza en forma de escultura sosteniendo de manera amenazante una lanza, para defender la ciudad a cualquier precio. Más allá el Camino discurre por la calle Riego de Agua, y puede comprobarse que la señalización es excelente, pues consigue que nadie pueda desviarse si no tiene intención. 

Las cifras de la opción coruñesa

Pablo Pérez, un repartidor que trabaja entre otros lugares para la cafetería La Gran Antilla, comenta que en cuestión de peregrinos «hasta Carral y por ahí igual se ve alguno, pero poco o nada». Es un testimonio que encaja con las cifras que se ofrecen del albergue de Sergude, el único de la Xunta dentro de la opción coruñesa frente a la de Ferrol, pues según Turismo han parado en él 162 peregrinos hasta junio. Sensiblemente más elevadas son las cifras facilitadas por la Oficina del Peregrino para el mismo período, pues hasta junio de este año se han repartido 173 compostelas. A pesar de lo poco que pueda parecer, en todo el año 2017 se repartieron 118 de estas acreditaciones, por lo que en los primeros seis meses de este año esa cifra se ha rebasado. Esta bella desconocida que es A Coruña se siente cada vez más cerca de llegar algún día a ser una elección de peregrinación con gran potencial, pues pedigrí histórico y encanto no le faltan.

En opinión de Penny Johnson, voluntaria que trata de revitalizar la parte inglesa del Camino desde Durham, la mejor manera de darle vida y movimiento es «involucrar a la población local». 

De vuelta al Camino

Siguiendo por la calle Real, el personal de diferentes locales como el Bonilla se suman a la percepción general y agregan que «por la mañana trabajamos bien, pero no vemos peregrinos». Sentir que comparte la farmacéutica de la misma calle, María de la Vega Velasco, pues en su rutina diaria dice que «a gente al menos así con pinta de peregrinos, no he visto». El testimonio de Velasco, así como el de otros farmacéuticos preguntados, resulta de relevancia, pues todo peregrino debe llevar consigo un pequeño botiquín que pueda aliviarle las molestias leves.

A lo largo del Cantón tampoco se ven peregrinos, pero sí existe un testimonio palpable de las huellas inglesas en la ciudad, pues ahí se encuentra la casa en la que murió John Moore, tras la Batalla de Elviña. Aquí los sonidos no son los ecos de aquel pasado violento, como tampoco existen los latidos fallidos de otro compatriota suyo, Robert Bruce, el rey escocés que encargó que llevaran su corazón primero a Santiago y después a Jerusalén, tras dejar su estela en A Coruña. En la misma calle, comienza a decaer el casco antiguo de la ciudad de cristal. Tras la plaza de Mina, las flechas aparecen de manera irremediable, acompañadas por el ajetreo de la rutina de los transeúntes. Cuatro Caminos se abre inmensa ante el peregrino y puede crear confusión, pero en el cruce de Doctor Enrique Hervada puede verse la flecha. Aquí se va produciendo un viaje en el tiempo, palpable especialmente en las formas de los edificios. Las fachadas coquetas de colores van dejando paso a los edificios de hormigón y cristales novedosos. Conviene salirse mínimamente de la ruta para visitar la parroquia de Santa María de Oza, en una pequeña bocacalle de avenida Monelos, que puede suponer el descanso necesario antes de comenzar más adelante el trayecto que se reserva la carretera de Eirís. Todo sea por llegar a Santiago, destino y propósito común de los peregrinos.

«A Coruña es una de las ciudades más bonitas»

Juan Manuel Dacal ha llegado a A Coruña casi por azar, pues a lo largo del Camino Francés le dijeron que visitara la ciudad por que «es una de las ciudades más bonitas de España».

Este joven natural de la Patagonia argentina comenzó su andadura en Saint Pied de Port (Francia). No obstante, su camino no terminó en Santiago, ni tampoco en A Coruña, pues su idea es la de partir desde aquí hacia «Muxía y después hasta Fisterra». El motivo principal de este extenso viaje fue porque «me gusta caminar y quería conocer España». Eso sí, no tiene claro si el resto del trayecto previsto lo realizará o no a pie, pues después de «más de 700 kilómetros» andados, «puedo romperme», asegura.

«Queríamos saber cómo era el Camino de Santiago»

Reyes y Rocío son dos hermanas provenientes de Sevilla. Ambas comenzaron hace unos días el Camino, en este caso el Francés, desde Sarria. No obstante, se encuentran en A Coruña porque les habían dicho que merecía la pena visitar la ciudad.

La razón máxima de esta «primera vez» que se animan a recorrer la ruta es la curiosidad, pues comentan que «queríamos saber cómo era». Ambas sevillanas afirman que les ha gustado la experiencia y que, al contrario de lo que pueda parecer, en el Camino Francés «no hay tanta gente».

Tanto Reyes como Rocío ya tenían conocimiento de la existencia del Camino Inglés y de la opción de salida desde A Coruña, aunque en esta ocasión la visitan por «turismo».

«La credencial la damos desde siempre, es histórico»

Ramón es el sacristán de la iglesia de Santiago de A Coruña y tiene clara la perspectiva histórica y la importancia del Camino Inglés desde la ciudad. Él es uno de los encargados en expedir las credenciales necesarias para obtener la Compostela, testimonio fiel de realización del Camino para los peregrinos. Ramón afirma que «la credencial la damos desde siempre, esto es histórico», mientras baraja unas cifras más que positivas de expedición de este tipo de certificados. Según sus cálculos, desde esta iglesia se reparten «una media de 50 credenciales semanales» y cree que en verano se pueden llegar a repartir «unas 200». El sacristán, buen conocedor de esta construcción, informa de que estos permisos también se obtienen en la Cofradía del Apóstol Santiago.

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