Cuando el agua oculta asalta las calles

Los terrenos ganados al mar y las corrientes subterráneas de ríos favorecen socavones e inundaciones, dicen vecinos y expertos


«Hasta aquí llegaba el agua», explica un vecino de la Palloza mostrando los restos del muelle que en su día lamían las olas y frente al cual ahora aparcan los coches o entran al garaje del edificio construido en terrenos ganados al mar. Los restos del muelle son ahora la rampa que constituye la corta calle de la Palloza. En el último siglo y medio, el borde litoral coruñés le ganó al mar casi un millón de metros cuadrados. Por ello, en ocasiones el agua salta a las calles en busca del espacio perdido, como ocurrió este 30 de junio cuando la avenida de Primo de Rivera quedó inundada por una lluvia torrencial que no encontró salida.

Otra prueba de como en la misma zona las edificaciones fueron haciendo retroceder al mar son los restos de la dársena que se conserva en el interior de la Fábrica de Tabacos. «Para dar servicio a los buques correo se construyó un arsenal en A Coruña. El terreno escogido fue la desembocadura del río Monelos, por ser la zona un buen fondeadero y contar con canteras y espacio suficiente. El proyecto inicial era muy ambicioso, conllevando la construcción de una dársena, diversos espigones, diques, varaderos y almacenes, así como el desplazamiento del río Monelos (que de aquella discurriría por la actual calle Ramón y Cajal)», explica el historiador Xosé Alfeirán. Las dificultades económicas redujeron el proyecto, pero «entre los elementos levantados estaba la grada o rampa inclinada que sirvió de astillero para la construcción de diferentes fragatas o buques correo». El astillero, en el que llegaron a trabajar un millar de personas, dio paso a la Fábrica de Tabacos y en la ampliación de la misma, en el año 1848, las rampas por las que bajaban al mar los nuevos barcos quedarían bajo las losas del edificio. Por ello, en las últimas inundaciones el agua volvió a cubrir una zona en la que era habitual antes de ampliar el inmueble.

El mencionado río Monelos, ahora canalizado y por lo tanto con sus aguas escondidas bajo tierra, asfalto y edificios, era otro protagonista habitual de las inundaciones. También escondida estaba el agua que llegaba a los cimientos del Banco Pastor. Y enfrente del que en su día fue el edificio más alto de España está el Relleno, tal y como siguen llamando muchos coruñeses a un espacio ganado al mar e inundado en más de una ocasión. «Ahí, en el Relleno, jugábamos al fútbol de críos, aunque acabábamos con los zapatos manchados de barro», recuerda el veterano Adolfo Fernández.

Pero no solo el mar provoca que de vez el cuando el agua asalte las calles coruñesas. También los ríos escondidos estarían detrás de hechos similares, en su caso del hundimientos de viales. Así, el arquitecto Xosé Lois Martínez apuntaba con motivo de la aparición de un espectacular boquete en el cruce de la calle Rubine con el paseo marítima a la existencia de un viejo cauce que podría estar en el origen de lo ocurrido: «Un plano da Coruña do ano 1755 firmado polo enxeñeiro militar Miguel Marín podería darnos algunha clave». Y explica: «Entre o pequeno núcleo mariñeiro de Riazor (xa derrubado) e a Porta da Torre de Arriba que daba entrada á cidade pola Rúa Ancha de San Andrés, obsérvase un arroyo que baixando pola vaguada existente entre a falda Oeste do monte de Santa Margarida e o monte no que está actualmente a Cidade Xardín, atravesaba as agras de Riazor (hoxe o ensanche de Mestre Mateo) para desembocar no areal».

La existencia de dicho río, que motivó el cambio de nombre de la calle Comandante Barja por el de Riazor, y de sus aguas ocultas estaría en los orígenes del socavón ya que, según argumenta Martínez, «o regato nunca deixou de estar aí: é o cauce natural das augas da choiva» que bajan desde Santa Margarita hasta Riazor.

Algo semejante ocurrió el año pasado en la plaza de Cuatro Caminos cuando se produjo un profundo socavón que dejó al descubierto la corriente subterránea de un río que en su día bajaba desde Vioño hasta desembocar al mar en la Palloza, pasando antes por los Mallos.

Por todo ello, concluye Xosé Lois Martínez que tanto aquel socavón «como os custosos efectos dos temporais que pagamos os coruñeses tódolos anos» ponen sobre la mesa «a necesidade de reler o texto Desing whith Natura, de Ian McHarg publicado en 1968: Proyectar con la naturaleza. Nunca contra ela».

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