Pedro Llinares: «De poco vale que salgan nuevos antibióticos si los usamos mal»

El desarrollo de medicamentos no debe hacer bajar la guardia, advierte el experto en infecciones


A Coruña / la voz

Pedro Llinares Mondéjar (Madrid, 1951) trabajó 26 años en el Chuac, donde fue jefe del servicio de Enfermedades Infecciosas. Dos años después de su jubilación forzosa, volvió al centro como coordinador de docencia de la Sociedad Española de Quimioterapia para hablar del hoy y el mañana de los antibióticos.

-Las resistencias a los antibióticos meten miedo. Las alertas por la falta de nuevos fármacos son constantes.

-Es que si uno ve las curvas de investigación, hasta el 2013 era descendente en nuevos antibióticos. Algunos laboratorios cambiaron de idea, quizá vieron que sí que iba a ser rentable, y ya han salido algunos. Y se esperan unos cuantos más.

-¿Cuáles son las novedades?

-Para las bacterias gram positivas, lo que nos aportan los nuevos antibióticos de utilidad por ejemplo en algunas neumonías es que cubren un poco más. Otros nos permiten administrarlos de otra manera, y otros tienen la ventaja de causar menos efectos secundarios, Es decir, aumento de espectro, seguridad y vida.

-¿La falta de fármacos no es más preocupante para los gram negativos, más agresivos?

-No siempre son más agresivos, al contrario. En principio para generar esa resistencia, muta y se debilita, pero lo que sucede es que no tenemos con qué combatirlos y provocan más mortalidad. En EE. UU. se hizo una encuesta entre especialistas sobre su máxima preocupación y la mayoría no contestó una infección, la tuberculosis, el sida..., no. A la mayoría le preocupaba la falta de antibióticos con los que hacer frente a los gram negativos.

-¿Por qué?

-Porque ya hay algunos para los que ya no funciona ningún fármaco. Tenemos un problema gordo en los hospitales, por ejemplo con la pseudomona, que era resistente a todo o prácticamente a todo, salvo a algunos antibióticos muy tóxicos.

-Pero ya hay alternativa.

-Han salido algunos nuevos. La experiencia que se está teniendo es muy poco a poco porque, claro, aprendemos a partir de fracasos. Para gram negativos tenemos dos nuevos ya comercializados: el Ceftolozano tazobactam, muy específico, que es el mejor para la Pseudomona aureginosa y debe ponerse en pacientes que no hay alternativa; y la Ceftazidima avibactam, que es mejor para otras enterobacterias, como las carbapenemasas, que provocan brotes importantes y son un problema en hospitales como el de A Coruña y Vigo.

-¿Y los tienen?

-Sí, sí. Ahora hay que aprender a administrarlos adecuadamente. De poco vale que la industria saque nuevos fármacos si los usamos mal, si no los usamos bien. Desde el punto de vista administrativo están sujetos a patentes, por lo que la preocupación es el presupuesto, el gasto farmacéutico puede dispararse. A este aspecto, a tener en cuenta porque hay que hacer un consumo responsable de los recursos de todos, se suma lo que pasa desde el punto de vista de los infectólogos. Lo que nos preocupa es nuestro paciente, y hay que usarlos cuando lo necesita, con un paciente muy malito, grave y resistente, y retirarlo cuando ya no hace falta. Hay que usarlos con juicio porque si los usamos sin control, indiscriminadamente, nos lo cargaremos y en unos años volveremos a tener el mismo problema de resistencias.

-¿Son mucho más caros?

-Mucho más. El coste puede pasar de 1 a 2 euros de los antiguos a 400 diarios con los nuevos. Pero no hay que dejar de usarlos por el precio, sino por el riesgo a nuevas resistencias. Tenemos estos antibióticos, aprendamos a usarlos en beneficio del enfermo, pero que nos duren para que les sirvan a miles de pacientes.

«Si utilizamos los nuevos fármacos sin control, nos los cargaremos»

«Muere 30 veces más gente por las resistencias que por accidentes»

Llinares considera que la investigación comienza a dar un respiro en lo que se refiere al arsenal terapéutico frente a las infecciones, pero no es suficiente.

-¿Cuál debe ser la estrategia?

-Las resistencias están ahí, podemos estar un poquito más tranquilos por los nuevos fármacos, pero esto tiene que ir siempre ligado a una política antibacteriana integral. El problema no es usarlos poco para ahorrar, sino no agotarlos. Según la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas, al año mueren en España 35.000 personas por resistencias a los antibióticos, que es 30 veces más que las muertes por accidentes de tráfico. De seguir así en el 2050 habrá más muertes por bacterias que por cáncer. Solo en Europa serán un millón.

-¿En qué hay que insistir más?

-Desde el punto de vista sanitario, en crear equipos coordinados. Hace falta más inversión y esfuerzo. No se verá de inmediato, pero es necesario. Hay un hueco en el que hay que trabajar con intensidad porque, además, estamos viendo solo la punta del iceberg. Estamos viendo el problema en el paciente muy malito, mayor, resistente a casi todo, pero detrás hay mucho más. Y hay que empezar desde atención primaria, donde se consume o se prescribe el 90 % de los antibióticos, hay que dar mayor asesoramiento, y racionalizar en todos los ámbitos.

-El paciente, ¿qué puede hacer?

-Primero, nadie tiene por qué tener un cajón en casa lleno de medicamentos. El antibiótico hay que tomarlo solo cuando lo da el médico y como dice el médico, la dosis y el tiempo adecuado. La tendencia es usarlos cada vez menos tiempo. En el Norte de Europa ya se usa la receta diferida: uno va al médico y, de principio no le receta antibióticos, pero le explica que si persisten ciertos síntomas, fiebre, tos, a las 24-48 horas debe ir a por ellos.

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