Ainhoa de Paz: «Tomo sacarina para compensar mi vicio de las gominolas»

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Cuando tenía 9 años llegó con su familia a A Coruña. A los 17 se fue a estudiar márketing y gestión comercial a Madrid. Empezó su vida laboral y parecía que lo suyo iba a ser echar raíces en la capital. «Pero el amor me trajo de vuelta. Mi marido es muy CTV (coruñés de toda la vida). Así que hace más de diez años regresé. El primer lugar donde viví fue Meicende», comenta Ainhoa de Paz Gómez, desde hace dos años gerente del centro comercial The Style Outlets Coruña, que pertenece al grupo Neinver. «Llevo siete años en la empresa y estuve desde que las instalaciones de Culleredo estaban en obras. Esta semana tuve una reunión en Barcelona con gerentes de otros centros y la mayoría éramos mujeres», apunta. Viste de negro. «Me gusta, pero en verano también utilizo prendas más coloridas». ¿Todas del outlet? «No es obligatorio. Visto como quiero. Llevo cosas del outlet, como este bolso, y cosas de fuera. Aunque trabajo en un centro comercial me gusta ir de compras», asegura mientras da un sorbo al café al que le acaba de echar sacarina. «La tomo para compensar mi vicio de las gominolas», confiesa desplegando su gran sonrisa.

En plena crisis

Tiene 40 años y se acaba de comprar una cinta y está empezando a hacer deporte. «Camino y corro algo. Mi marido dice que estoy atravesando por la famosa crisis», afirma. Una década atrás, cuando trabajaba en el sector de la banca, le afectó la otra famosa crisis. «Me quedé en el paro», recuerda esta antigua alumna del colegio Eirís. Conoció a su pareja hace 14 años y se casaron hace dos. «Me lo propuso en Navidad delante de la familia. No tenemos hijos. Van pasando los años, lo piensas. No sé», reflexiona. Durante la charla cita bastantes veces a su marido. «Él es mi secreto. Tuve buen ojo al elegir», apunta divertida. Es locuaz. Habla con el corazón. «Pero soy tímida y muy testadura, para lo bueno y para lo malo. También tengo mucho carácter. Me cabrea la mentira. Y tengo un defecto muy grande, soy impuntual. Siempre llego tarde y sé que no se puede hacer esperar a los demás», confiesa. Yo no tengo queja, quedamos a la una y llegó con menos de cinco minutos de retraso.

En la antigua La Toja

Vive en Montrove. En una casa donde también pasaba los veranos de pequeña. Me cuenta una anécdota curiosa. «Teníamos un vecino que era el director de la antigua fábrica de La Toja. Fíjate, años después soy la gerente de un centro comercial ubicado en los terrenos donde estaba esta factoría y en el que trabajan personas que en su día lo hicieron en esta fábrica. Todavía hay mucha gente que nos lo recuerda», relata. Empieza el verano y dice que es una época buena. «Viene mucha gente de fuera. Estamos muy contentos porque estamos creciendo. Somos 50 tiendas. Al principio hubo que explicar el concepto de negocio porque se pensaban que vendíamos prendas con tara», recuerda Ainhoa. «Lo inesperado es lo mejor y lo peor de mi trabajo», afirma esta mujer que se relaja «en casa. Le echo muchas horas y lo que más me gusta es llegar a mi domicilio y sacar a pasear a mi perro, Dexter. Le pusimos el nombre porque lo oímos en una serie de televisión. Ahora, precisamente, me estoy aficionando a ver alguna serie. Y solo películas de final feliz, que ya hay bastantes dramas en la vida». Antes de la despedida me vuelve a hablar de su marido. «Le encanta la música. Se empeñó en ir a un concierto de Guns n´ Roses y me lo pasé mejor que él». Y vuelve a sonreír.

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