Un escudo para blindar 300 inmuebles

Apenas hay edificios sin algún tipo de protección normativa en la zona noble de la urbe


A Coruña / La Voz

En la Ciudad Vieja hay algo más de 300 edificios y la inmensa mayoría son anteriores a 1960. Fue en esa década en la que se hicieron los mayores desmanes, con ganancias de alturas e inmuebles de cemento que afloraron en entornos tan sensibles como el de la Colegiata, donde siguen.

A esa agresión estética pusieron coto los diversos planes especiales de protección del casco histórico. El último de ellos, el Plan Especial de Reforma Interior (Pepri) de la Ciudad Vieja y Pescadería, entró en vigor en el 2015 y es el documento que marca las pautas de cualquier actuación que se quiera realizar en el casco histórico. Es también el que marca el nivel de protección de cada inmueble.

En total hay 289 edificios con algún tipo de amparo legal y son cinco las categorías en las que se clasifican. La primera de ellas, de protección integral, incluye aquellos bienes inventariados, como las iglesias, las Bárbaras, Capitanía y la Casa Cornide, entre otros, hasta un total de nueve.

En el siguiente nivel figuran 29 inmuebles, como las casas de María Pita, la casa Molina, la Real la Academia... Todos ellos tienen una protección estructural, es decir, no se puede modificar la configuración del inmueble ni sus materiales.

Los considerados como edificios de elevado valor arquitectónico son 78, repartidos por toda la Ciudad Vieja, y también con posibilidades de rehabilitación limitadas, aunque algo más flexibles en cuanto a reformas interiores que las dos categorías superiores. Los de especial significación arquitectónica son en total 163, y en ellos las mayores restricciones afectan a las fachadas. Finalmente, hay diez de interés ambiental.

Para cualquier reforma en los 289 edificios catalogados hay que ajustarse a las fichas del Pepri, donde figura en cada caso qué se puede hacer. La revisión de los proyectos en base a esos documentos es la que suele enlentecer la concesión de permisos.

La tardanza en las licencias y las limitaciones de edificabilidad disuaden a muchos de asentarse en la Ciudad Vieja, aunque a cambio de pasar por esos trámites, el que persevere podrá vivir en un enclave único.

Juan Creus: «No puedes pretender contar con grandes viviendas en muchos sitios»

E. E.

El arquitecto considera que trabajar y vivir en la Ciudad Vieja tiene sus peculiaridades, con ventajas y desventajas

Los arquitectos Juan Creus y Covadonga Carrasco tienen su estudio instalado en la calle Tinajas. En la Ciudad Vieja, además de reformar ese inmueble que ocupan, una de las clásicas casas de remo, también han diseñado la Fundación Luis Seoane. Trabajar en esa zona de la ciudad tiene sus peculiaridades, cuanta Juan Creus, con ventajas y desventajas. «Aquí no hay coches, los niños pueden jugar en la calle», dice. También está la parte complicada, o al menos característica: «El parcelario es muy pequeño, muchos muros son irregulares y las paralelas no son paralelas», dice. Pone el ejemplo de la casa donde se han instalado. Son cuatro metros de frente por siete de fondo en cada planta. «Meter la escalera es la clave», dice, y aconseja mantener los muros originales de piedra como elementos capaces de aguantar una estructura y de evitar el hormigón, más agresivo. Lo malo es que la distribución es la que es. «No puedes pretender grandes viviendas en muchos sitios de la Ciudad Vieja», dice Creus, que apunta otros problemas, como que esa zona de la urbe es fría y que con el parcelario como es, la luz natural es escasa en muchas viviendas. 

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Lucas Díaz: «Hay que mejorar la accesibilidad para que la zona no se muera»

E. E.

El arquitecto cita la tramitación como uno de los puntos problemáticos a la hora de hacer obras en la Ciudad Vieja.

«Soy vecino de la Ciudad Vieja, nací aquí, vivo aquí y aquí tengo mi estudio», resume Lucas Díaz su amor por el casco histórico de la ciudad, en el que también ha trabajo en varios proyectos de rehabilitación. 

Al igual que Creus, Díaz cita la tramitación como uno de los puntos problemáticos, algo que se complica según el nivel de protección del edificio. Todos pasan por la comisión de Patrimonio. «Estaría bien que las Administraciones estuvieran más engrasadas», cuenta, porque esa larga tramitación puede hacer «que la iniciativa privada se eche para atrás». Hay otras limitaciones en cuanto a calidades y acabados. Puede que un promotor prefiera forjados de hormigón, pero es posible que tenga que mantener los originales. Además, yendo a lo práctico, descargar material de obra en calles tan estrechas tampoco es tarea fácil.

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