Cuando en Coruña había cine x


Hay que imaginarse en el túnel del tiempo, en aquella Coruña de mediados de los ochenta, para sentir lo que suponía que en tu barrio abrieran un cine. Era lo más parecido al progreso, cuando todavía no habían emergido los centros comerciales, la basura no se echaba en contenedores, los edificios se llamaban por su nombre (Mirasol, Elsa, Lolita...) y los coches se aparcaban «como lle cadrara». Que en ese tiempo hicieran al lado de tu casa no solo un cine, sino unos multicines convertía a tu acera en todo un centro juvenil. Una pensaba: «Ahora tendrán que venir mis amigos de Juan Flórez hasta aquí». Así que cuando empezaron a construirse los Multicines Chaplin en la ronda de Outeiro los chavales nos sentimos mucho más acogidos en ese prefijo de modernidad: éramos los primeros «multi». Los Chaplin venían a sustituir a aquel enorme garaje por el que entraban y salían los buses de Ribadeo (nosotros les decíamos «coches de Ribadeo») que interrumpían cada poco los partidos de fútbol en la calle. Había que parar el juego, coger la pelota, y esperar a que el conductor hiciera la maniobra correspondiente. Entonces los padres no estaban obsesionados con que los niños saltaran libremente, y aunque suena un poco a Cuéntame, que cambiaran un garaje con olor a gasolina y lleno de suciedad por unos cines nos abría el cielo. Al menos daba una buena imagen, una fachada por delante, y si la memoria no me falla creo que la primera peli que vi anunciada fue Mafalda. Esa era la cara a, tan animada, la que daba a la ronda de Outeiro; porque la puerta de atrás, la cara b, inauguraba otra revolución en el barrio: la primera sala x de Coruña.

Mi portal estaba a dos pasos, en Antonio Pedreira Ríos, una calle que traía por aquel entonces mucha cola. ¡El primer cine porno! Tenía otra taquilla más discreta, pero cuando se acercaba la noche era imposible no echarle el ojo a todos aquellos (eran mayoría los hombres) que esperaban a que se abriera la puerta. Era un visto y no visto, entre la inevitable curiosidad de observar a ese público y la convicción juvenil de darle normalidad a lo que era un hito. La sala x nos movía la calle, desde luego, pero jamás vi a ninguno de mis vecinos esperando para entrar, y los menores nunca supimos qué había detrás de toda la oscuridad que tapaban las cortinas. No fue un tango en París ni vimos a Flesh Gordon, sin embargo, la x nos marcó en esa quiniela que fue mi generación, que apostó siempre por el cine. En los Chaplin vi pocas películas, y una sola obra maestra, Lost in Translation. Con la llegada del vídeo aquella sala x fue muriendo y creo que hoy en España hay solo dos abiertas, en Valencia y en Granada. Los Multicines Chaplin cerraron en el 2005. Ahora hay un Día.

Autor Sandra Faginas Coruñesas

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