Anda desde hace unos años lo indie por todas partes en A Coruña. Y vende. Acudes al Pull & Bear de la plaza de Lugo y te encuentras en el mostrador portadas de vinilos como el icónico Goo de Sonic Youth. Hace unos meses abrió en Los Cantones Village el Inn Club, una sala abiertamente dirigida a los sonidos indies. También un centro comercial como Marineda City es capaz de montar un festival con ese nomenclatura con artistas como Annie B. Sweet o La Bien Querida. Y qué decir del festival Noroeste, coronado por bandas como Jesus and Mary Chain o Kaiser Chiefs.

Son cuatro ejemplos del protagonismo de una estética y un sonido que, desde luego, otrora no gozaba de esa prevalencia. Porque, vamos a ver, ¿cuándo empezó todo esto? Podíamos situarlo allá por el año 97-98 en un establecimiento de la calle Orillamar: el Patachim, un local muy ligado a los estudiantes de Sociología (en donde, por cierto, servía copas la actual concejala de Igualdade Rocío Fraga). Igual que ocurría en Galicia en general, A Coruña discurría totalmente al margen del bum indie que existía en otras ciudades españolas. Un dato: cuando debutaron Los Planetas aquí, el 5 de enero de 1995, apenas había un centenar de personas en el Playa Club. En el ambiente musical herculino se miraba a otro tipo de sonidos como el garage-rock o el bravú. Ni había bandas interesadas en lo indie ni locales con ganas de pinchar ese tipo de música.

Hubo que esperar a que en el Patachim un jovenzuelo le diera un cambio a la música del local. Era Juanjo, su mítico pinchadiscos. Tiraba de una pletina y un apañado reproductor de cedés. Pero aquello sonaba a gloria. De pronto, las canciones de Yo La Tengo, Mercromina, Stone Roses o Teenage Fanclub salían sus altavoces. Aparecieron grupos de melómanos dispersos. Eran los chicos que iban anualmente a Benicassim, los que compraban la revista Spiral y los que soñaban poder salir de copas al son de todo aquello. Poco a poco se empezó a popularizar. Un año después, ya era un garito que entremezclaba su aire enxebre de siempre con los flequillos, las camisetas a rayas y los devotos de Belle & Sebastian. En la Nochevieja del 2000 pusieron un mural con un rotulador instando a la gente para que escribiera sus deseos. Muchos de ellos se cumplieron el 100 %.

De pronto, se bajaron las luces y se apartaron las mesas. Todos los fines de semana se montaba una fiesta tremenda. Empezaron a surgir bandas. Nouvelle Cuisinie, Ojo de Pez o Fuel. Incluso Xoel López dejó la Elephant Band y montó Deluxe. Algunas chicas se pusieron corbata y algunos chicos collar de perro. Todo ello con chapitas, pantalones de campana, zapatillas Puma rojas y mucho ligoteo. Un día aparecieron por allí de copas los integrantes de Los Planetas. Otro, los de Astrud. Y más tarde, la gente de La Habitación Roja. Luego, la onda expansiva llegó a otros locales y se mantuvo hasta este presente que tanto sorprende.

Como suele pasar, siempre aparecerá ahí un abuelete rosmón diciendo: «Aquello sí que era indie y no lo de ahora».

Por Javier Becerra coruñesas

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El curioso origen del «indie» coruñés