La París de Noia en Los Rosales


Para los que son del centro, para aquellos que habitualmente se mueven entre plaza de Vigo y plaza de Lugo, hoy les tengo que mostrar el orgullo de barrio. Y no de cualquier barrio: el de Los Rosales. El que fue capaz de juntar el sábado pasado en unas fiestas por todo lo alto a miles de personas alrededor de esa insignia musical y espectacular que es la París de Noia. Que de alguna manera es el medidor máximo del punto festeiro de los gallegos. Llevar a la París de Noia (o a la Panorama) a tu terreno es toda una exhibición del despliegue en esta Coruña popular que nos significa. Y ahí tengo que rendirme a Los Rosales, que desde hace unos años viene demostrando que no tiene rival cada vez que toca salir a la calle a darlo todo.

En esa plaza Elíptica que parece ya Las Ventas de Madrid pueden darse los conciertos que se quieran, porque si a diario es un lujo de parque para todos los niños, cuando toca pachanga hay pocos lugares que se transformen con más facilidad para la juerga. El sábado pasado fue una verbena y un parque de atracciones, con los niños haciendo cola para el Saltamontes y todas la cacharrada que allí se montó, pero pronto, en la noche de San Juan, se volverá a reciclar y volverán a bajar los vecinos con sus cenadores, sus casetas portátiles, en una especie de cámping general comunitario. Es la suerte que disfrutan los que habitan los barrios, los barrios donde hay gente, los barrios en los que crecen niños, en los que se mueven los adolescentes, los barrios que aún llenan las plazas.

Hace veinte años, cuando en Los Rosales solo estaban poco más que las torres, el Pryca, y los edificios de la avenida principal era difícil cruzarse con un chaval de 15 años. La vida arrancaba en pisos pequeños, a los que las parejas llegaban con todo un porvenir. Y por venir empezaron a venir los bebés, que eran mayoría en ese vaivén de cochecitos que subían y bajaban hacia el parque. Hubo que hacer la guardería, se poblaron los colegios de la zona, se construyó la biblioteca, se abrieron negocios y ahora es una de las zonas más activas. Ahora sí los adolescentes se han venido arriba y son los que van por delante en ese movimiento que arrastra a los padres a cualquier salida. Los mismos padres que hace nada empujaban el carrito, daban la merienda en el parque, hacían guardia el pasado sábado esperando a todas las pandillas de chicos que aprovechaban el son de la París de Noia para su primera salida nocturna. No eran los únicos, que en ese barrio basta que alguien se anime a celebrar algo en el parque para que todos le sigan la marcha. No hace falta que toque la orquesta, pero si viene la París de Noia y se monta el verbenón mucho mejor. Los Rosales no es cualquier barrio, si no tienen plan, vayan en San Juan y sabrán bien de lo que hablo.

Por Sandra Faginas Coruñesas

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