«Os da Marea, onde están?»

Los okupas cargan contra el gobierno local, en el que hay ediles que simpatizan con el movimiento

Nuevas cargas policiales en el desalojo de la Comandancia Tras los momentos de tensión vividos durante toda la jornada, que dejaron a dos policías locales heridos y a varios integrantes del colectivo okupa A Insumisa, ahora son agentes de Policía Nacional los que intentan disolver la aglomeración

A COruña / La Voz

Del partido que gobierna en María Pita se acordaron ayer, y mucho, los okupas que, por órdenes de la Marea, tuvieron que abandonar la Comandancia. «Os da Marea, onde están?», coreaban en la puerta unas 300 personas. «Marea desaloxa, o mesmo que o PP!», gritaron en otro momento. Y un eslogan ya clásico: «Xulio Ferreiro, fascista mentireiro».

Es cierto que los okupas mentaron más a la policía, a la que dedicaron todo tipo de insultos. Pero después de ellos, la Marea. No era casual que los de A Insumisa se acordaran de ellos. Hace solo unos años casi la mitad de los concejales que hoy gobiernan tenían algún tipo de vinculación con el movimiento okupa. Xiao Varela, José Manuel Sande, Claudia Delso y Rocío Fraga estuvieron con los okupas y apoyaron su causa.

Se da la paradoja de que Fraga, hoy responsable de la Policía Local, y por lo tanto, jefa de las fuerzas que ayer organizaron el desalojo, celebraba hace año y medio la okupación de la Comandancia. Por eso el pasmo era mayor entre los okupas que veían como los suyos, dejaban de serlo de golpe y porrazo.

Golpe y porrazo literalmente, porque por la tarde llovieron unos cuantos, distribuidos por los agentes de la Policía Nacional que acudieron a reforzar el dispositivo de la Local. Los municipales vigilaban la puerta y los nacionales repartían a los que no acataban la norma. 

Escenas desagradables

Hace unos días el alcalde, Xulio Ferreiro, expresaba su deseo de que cuando llegara el momento no fuera necesario vivir escenas desagradables en la Maestranza. Ayer las hubo, en abundancia y sostenidas en el tiempo. Si hasta media mañana la operación municipal de recuperación de la Comandancia había tenido más éxito que la toma de Perejil, la cosa se torció poco después, cuando dos okupas lograron encaramarse a uno de los tejados: los que habían sido expulsados sin ninguna violencia -porque allí no había nadie- volvieron a estar dentro.

Y desde ahí se acrecentó el lío. Abajo, frente al cuartel de Atocha, los okupas convocan a los suyos. Hubo gente todo el día, pero se esperaba mucha más a las ocho de la tarde, cuando los de A Insumisa convocaron por redes sociales. A las jóvenes subidas al tejado no las abandonaron ni un momento. Todo el día hubo gente. Hacia las cuatro y media de la tarde incluso se organizó un extraño sistema de suministro. Ante la prohibición de acercarse, desde la calle los amigos empezaron a lanzarles mandarinas y botellines de agua. Solo un blanco de una docena de lanzamientos. Al final, la Policía Local se ablandó y les facilitó una bolsa con comida y agua a las dos okupas. Luego les subirían también ropa de abrigo, aunque no tuvieron que usarla, porque finalmente bajaron a las 23.20 horas.

A esa hora en lugar de media docena de agentes locales, en la puerta de la Comandancia ya había 25 nacionales con casco y porra y una quincena de municipales. En cuanto los manifestantes salieron de la acera y tocaron el asfalto camino del edificio okupado, empezaron a llover los porrazos. Una oreja sangrando, una mujer que podría ser abuela con moratones en varias partes del cuerpo, dos ambulancias... Quedó claro que el asfalto no se podía tocar.

Entre quienes protestaban, un poco de todo, personas del barrio que habían sido usuarias del centro okupa y también grupúsculos más bélicos abriendo cervezas y dedicándose a insultar lo más alto y fuerte posible a los policías en toda la gama de ofensas.

-¡Sois unos media hostia!

-De media hostia nada, que as dan ben.

-Eso es porque llevan porra, nena.

La conversación, real, ocurrió entre una mujer magullada y otra que se desgañitaba mentando a la madre de los policías. Los agentes, como si llevaran tapones. Mientras, la ambulancia se llevaba a los dos últimos heridos. «Marea, escoita, estamos en loita!». Más consignas, y al rato un carrito de pedales con música a todo trapo. Grándola y reparto de flores, aunque estas de plástico lanzadas a la mediana. «¿Viste lo que puso la Marea en su Facebook?», preguntaba un okupa. «Hipócritas», respondía otro. Entre la Marea de antes y la ahora median 35 meses de gobierno. 

De un espacio de innovación y diseño a un centro cultural y de ocio para jóvenes

El futuro civil de la Comandancia de Obras empezó a gestarse en el año 2013. Entonces el Ministerio de Defensa y el Ayuntamiento firmaron la cesión temporal de la parcela al consistorio y el anterior gobierno local inventó el Cidea, un centro de diseño e innovación que se puso en marcha sobre el papel y con una inversión muy escasa en las naves dedicada a retirar escombro y apuntalar algunos muros.

Desarrollar aquel centro dependía de una ayuda que iba a facilitar el Ministerio de Fomento, por 1,3 millones de euros, para rehabilitar el conjunto. Fomento, sin embargo, retrasó el proceso porque el concurso fue anulado por problemas de forma y el plan hubo de volver a licitarse. Para entonces ya había cambiado el gobierno local en A Coruña y el Cidea quedó como parte del pasado. La Marea tardó en definir lo que quería y lo hizo después de la okupación, en noviembre del 2016, de las naves. Básicamente se trata de un centro de cultural y de ocio para jóvenes, muy similar en contenidos a lo que hacían en A Insumisa. De hecho, se diseñó así para incentivar su salida. La obra, adjudicada por un millón de euros, tenía que empezar antes de julio para no perder la ayuda. Ahora podrá hacerlo.

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