Un coruñés en la portada de «Science»

La revista científica confía la primera página de su último número al infografista gallego Álvaro Valiño

Un coruñés en la portada de Science La publicación científica confía la primera página de su último número al infografista gallego.

A CORUÑA / LA VOZdata / agencia

Se define como un intérprete. Su trabajo consiste en traducir la ciencia a un lenguaje visual, atractivo y asequible para los lectores. Álvaro Valiño (A Coruña, 1977) descifra e ilustra los últimos avances alumbrados en los laboratorios para publicaciones de la talla de National Geographic o Science. A esta última le han gustado tanto sus formas geométricas y limpias que le han encargado la primera plana de su último número, publicado el 18 de mayo. «Estuve tres semanas trabajando en ella. Tenía que explicar con una ilustración la resistencia de las plantas a los antibióticos», explica.

La confianza puesta en él por parte de la revista que, junto a Nature, está considerada como la referencia de las publicaciones científicas, supone todo un «espaldarazo» a una carrera en la que Estados Unidos ha sido clave. «Allí el trabajo de los diseñadores gráficos está más profesionalizado», destaca Valiño, que acaba de regresar de Washington DC tras cinco años viviendo al otro lado del charco. «Los diseñadores españoles -resalta- estamos muy bien valorados allí». De hecho, esta no es la primera vez que la publicación premiada con el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el 2007 llama a su puerta.

Segunda portada en 6 meses

Valiño, cuyos inicios profesionales arrancaron en La Voz de Galicia, también es el autor de la portada de la revista anual de Science publicada el pasado mes de diciembre. «Es un encargo más importante, más especial para mí. Es el resumen de lo mejor del 2017 y la primera página es para la noticia del año. En este caso, el hallazgo de las ondas gravitacionales», cuenta Valiño. Todo un reto. Tuvo que darle forma a las pequeñas deformaciones en el tejido del espacio-tiempo que recorren el cosmos a la velocidad de la luz. Una perturbación que solo existía en la mente de Einstein hasta su demostración y cuyas representaciones gráficas son siempre aproximaciones basadas en los cálculos astronómicos. «Es muy difícil explicar algo si tú no lo entiendes. Funcionas como un intermediario entre la comunidad científica y el público general. El desafío no es contarlo como lo harían los investigadores, sino contarlo como yo también lo podría comprender, ya que me considero parte de esa audiencia», describe. El objetivo, recuerda, «es llegar al mayor público posible sin perder calidad, siendo fiel a la información».

Con «National Geographic»

Es otra de las publicaciones norteamericanas con las que colabora. Sus infografías dan con ella la vuelta al mundo y hay que adaptarlas a lenguajes como el hebreo o el árabe, donde se lee de derecha a izquierda. Álvaro guarda varios de estos números, también el último libro en gran formato de National Geographic en Taschen. Él es uno de los autores seleccionados en la recopilación de sus mejores reportajes y grafismos: «Supone aún más responsabilidad porque es un contenido que permanece, que se consulta». The Washington Post le hace encargos de forma periódica, entre los más destacados están los pictogramas de los Juegos Olímpicos de Río y los de invierno de Pionyang 2018. Corriere della Sera, The Guardian o Mongolia son otros de sus clientes. Para Álvaro lo más importante es seguir aprendiendo y exportando sus creaciones por el planeta desde su estudio en la herculina calle Real. «Si soy capaz de vivir aquí y seguir trabajando para medios internacionales, la verdad, es que me quedo muy contento».

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