Al alcalde tampoco le gusta el muro de hormigón de Primo de Rivera

«Non me acaba de convencer», apunta Ferreiro, que abre la puerta a su sustitución. Participa en nuestra encuesta: ¿Qué le parece el cambio de la mediana vegetal por otra de hormigón?

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A Coruña / la voz

A unos metros del muro de cierre del puerto, paramento protegido por Patrimonio, se yergue, desde la semana pasada, un tramo de mediana de hormigón que separa los dos sentidos de circulación. La estética de la AP-9 en pleno centro sorprende a los conductores y contraría a los vecinos, acostumbrados a un seto en tal lugar.

El seto desapareció porque con la instalación de los carriles bici no había espacio para mantener esa línea verde. En el poco que quedó el gobierno local optó por instalar barreras del modelo New Jersey. No son las que separarán a los ciclistas de las coches, sino que las que irán en medio de la avenida dividiendo el tráfico. «Aos técnicos lles dixen que a ver se podiamos facer unha cousa que non fose moi agresiva», cuenta el alcalde, Xulio Ferreiro, sobre el proyecto ejecutado. El alcalde explica que en ese punto existe un desnivel entre los carriles y que «por motivos de seguridade ten que haber unha solución para evitar ese desnivel». La solución fueron los New Jersey. Fuentes de la Policía Local indican que, en efecto, aportan mucha seguridad para evitar cambios de carril y vuelcos a altas velocidades, y que por eso se instalan en autopistas y autovías, pero indican que en vías urbanas limitadas a 50 kilómetros por hora existen otras soluciones menos agresivas.

«A min, en termos estéticos, non me acaba de convencer, evidentemente, veremos se é posible cando rematen completamente as obras e haxa máis espazo, acometer outro tipo de solución, pero nestes momentos, polo menos durante os traballos, non hai outra posibilidade», apuntó Ferreiro, abriendo la puerta a sustituir lo ahora puesto dentro de un tiempo. «O equilibrio é complicado, as árbores hai que mantelas, queremos carril bici, tamén queremos unha solución para a mediana, e o espazo é o que hai e é importante que os veciños e as veciñas circulen con seguridade por esa vía», dijo el regidor.

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El tipo de solución ejecutado en Primo de Rivera contrasta, por ejemplo, con la última mediana instalada en el tramo urbano de Alfonso Molina, frente a los juzgados, donde se optó por un falso muro compuesto de cilindros a distintas alturas, permeable visualmente y menos agresivo. De hecho, no existen dispositivos similares en ningún otro punto de la ciudad, salvo en la salida por la avenida de A Pasaxe, donde alcanza menor altura. Hay que internarse en la autopista o en la autovía para encontrar barreras similares. 

Avenida de Oza

La ciudad no es ajena a los líos con las medianas. La que instaló el bipartito en la avenida de Oza también dio que hablar. La estructura se dotó de abundante vegetación, magnolios incluidos, y contó desde el principio con las críticas del PP, que la quitó cuando llegó al gobierno local, porque reducía el ancho de vía. Ponerla costó más de dos millones de euros y se emplearon 220.000 en retirarla.

La barrera que nació de la falta de sitio para bicis, árboles, coches y peatones

La mediana de Primo de Rivera nació de una extraña ecuación: si en un espacio limitado hay que meter cuatro carriles de circulación, mantener árboles y aceras e instalar carriles bici, ¿cómo se ha de hacer la mediana? La respuesta al problema al que llegó el gobierno local fue el hormigón armado de buen espesor y cierta altura. Era, al parecer, algo inevitable para proteger al conductor.

El sistema tampoco se descubre ahora. Lo tienen también en largos tramos las autopistas alemanas, esas en las que hasta hace nada no existía límite de velocidad. Para un volantazo a 200 las barreras New Jersey -así se llama el modelo- son muy eficaces para evitar, al menos, que el conductor invada el carril contrario. En Primo de Rivera, con todo, la velocidad está limitada a 50. Antes había un seto y tampoco era frecuente ver allí coches atravesándolo, por mucho que los arbustos fuera menos resistentes que el hormigón.

El vecindario ya ha dejado claro que no quiere tales medidas de seguridad al lado de sus portales y de sus tiendas, que les llega con algo más modesto, más de toda la vida y menos de autopista. Las barreras, tan útiles para evitar intrusiones en el carril contrario, conservan cierta estética soviética que no pega mucho con el entorno, ni tampoco con la idea de humanización de las vías de comunicación que se promueve desde María Pita. El color gris fragata de las New Jersey tampoco parece muy amable, aunque al menos de eso se encargarán pronto los grafiteros.

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