Ligeros retoques para que (casi) todo siga igual


a coruña / la voz

Recta final para la reválida de mayo del 2019. El sondeo deja una certeza: el confuso e inestable panorama en el que los partidos afrontan la llamada a las urnas. Y la constatación de que las mayorías absolutas no aparecen en el horizonte. Los resultados de la consulta electoral, y a la vista de la experiencia de los tres últimos años, dibujan un escenario de (posible, pero no seguro) gobierno bipartito Marea-PSOE, que podría ser tripartito si el BNG no es el convidado de piedra. Eso o la reedición del gobierno actual de la minoría absoluta, pero un poco más débil. El otro eventual gobierno de coalición, entre el PP y Ciudadanos, quedaría lejos.

¿Pero es posible que los de Ferreiro y los socialistas lleguen a entenderse para formar un gobierno? No lo fue en el mandato actual. Ni en el arranque, cuando los seis ediles socialistas despejaron el camino hacia la alcaldía a la Marea (con 10 de los 27 concejales) sin poner condiciones. Ni en los tres años que se han consumido ya, con oferta del PSOE para entrar en el gobierno, titubeos y acuerdos presupuestarios rotos en el último minuto por la Marea.

Se impuso hasta ahora la corriente que apostó desde el principio por gobernar en minoría y mantener la estrategia de minar a los socialistas para seguir comiéndoles espacio electoral. Con el dibujo de la encuesta, que por primera vez refleja bajada de la Marea en concejales y marca cierta resistencia socialista, las estrategias pueden mudar. Para que suceda, en el año que resta de mandato tendría que producirse un cambio sustancial: que el desgaste por una discutida gestión de la Marea no lo rentabilice la abstención, sino un PSOE que tímidamente parece iniciar la reconquista de algunos barrios. Eso equilibraría las fuerzas y los colocaría más cerca del bipartito... o desataría la gresca definitiva.

A los socialistas les urge más que nunca poner orden en su casa, pero sobre todo ofrecer una posición clara y sin complejos, y acertar en la elección del cabeza de cartel. Porque aunque según la encuesta se conjura el hundimiento que presagiaba la anterior y se mantendrían los resultados del 2015, no debe olvidarse que aquello (tercera fuerza política, seis concejales y el 18 % de los votos emitidos) fue una auténtica debacle para el partido que tuvo repetidas mayorías absolutas en la ciudad. Y que aún cede votos hacia la izquierda (según las proyecciones de trasvase) y que, a falta de conocer el alcance del efecto Ciudadanos en A Coruña cuando se le ponga cara a su candidato, aún podría perder algunos por la derecha.

También le urge al PP ganar protagonismo en la escena política local. La amarga derrota de hace tres años llevó al partido a una interinidad que dura demasiado. Hace ya un año fue elegida presidenta local la conselleira Beatriz Mato con el objetivo de recuperar de su mano el pulso para dar la batalla por la alcaldía. Faltan solo doce meses para la prueba de fuego y a veces más parece Núñez Feijoo -desde hace un tiempo vecino de A Coruña- el aspirante a la alcaldía.

Episodios como la compra de dos pisos a un simpatizante del partido, el ambiguo posicionamiento ante el desafío independentista, la escasa ejecución presupuestaria o el enfado de algunos colectivos antes afines, no desgasta en exceso al gobierno de la Marea. Pero es que la debilidad del rival, que a veces parece incomparecencia, no se lo pone difícil. Y así, puede ser que nada cambie.

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