Las quejas en el muelle de O Portiño son infinitas

Denuncian escaleras cortas, focos sin reponer, pintadas, óxido en los baños y puertas arrancadas

.QUEJAS DE LOS USUARIOS DE O PORTIÑO
QUEJAS DE LOS USUARIOS DE O PORTIÑO

A Coruña / La Voz

«Nos tienen abandonados, no se puede salir ni a pescar», lamentan los usuarios

O Portiño está en una esquina del mapa de A Coruña. Y sus vecinos se sienten igual de arrinconados. Al menos, los usuarios del pequeño puerto. Aquí todo es pequeño. Como la playa, apenas un trozo de arena donde dos son multitud. «Nos tienen abandonados». Lo dice Manuel Pérez, Lolo, mientras señala todos los puntos cardinales posibles. «Las arquetas, las paredes, las escaleras... mira cómo está todo». Vayamos por partes, Lolo. Lo que más indigna es la nueva escalera de los usuarios, un acceso por el que suben y bajan una vez que utilizan la grúa para retirar la embarcación del agua. Pero quedó tan corta que en marea baja se hace inútil. «No puedes salir a pescar...», sentencia. Al otro lado del muelle, la escalera sí tiene la longitud necesaria, «pero la parte de abajo tiene la madera podrida». 

Los desperfectos parecen la letra pequeña de unas instalaciones más o menos modernas del Club Marítimo O Portiño, con 80 usuarios, casi una tercera parte de los más de 200 que sumaban en los buenos tiempos. Cuesta imaginar cómo cabían en este estrecho hueco en el que se abre el mar. Sigue el relato quejoso de Lolo. Señala las farolas. «Hace más o menos un año cayeron tres focos, vinieron, se llevaron las carcasas... y hasta hoy», explica. Los vestuarios y servicios están carcomidos por la humedad, que ya ha colonizado también la grifería. Una puerta se abre sola, totalmente inclinada, separada de la bisagra superior. «Una vergüenza», brama el marinero.

-Pero se ve bastante limpio, las paredes de fuera están impolutas.

-Claro, porque las acabamos de pintar nosotros mismos, estaban llenas de pintadas (más que pintadas, eran frases ofensivas).

También las arquetas reparadas han corrido a cargo de la propia entidad. «Eran todo baches, no hubo más remedio».

La pared que mira al mar abierto guarda otra queja, de nuevo en boca de Lolo. No hay puerta desde finales del 2017, cuando un embate del mar afectó a la instalación. La queja se parece a otra anterior. «Vinieron, se llevaron la puerta, y así seguimos». Tampoco gustan las nuevas barandillas, de estructura plana, muy diferentes a las redondeadas que aún perduran cerca de la playa.

Este periódico ha comprobado que Portos de Galicia está al tanto de los problemas de mantenimiento de este pequeño muelle. Avanzan que la propia Administración sufragará en breve una segunda capa de pintura, mientras que se está esperando por una marea viva para cambiar la escalera que se ha quedado corta. «Utilizamos escaleiras estándar e este peirao ten unha altura inusual», explican desde Portos. Sobre la puerta arrancada por el temporal, estudian la posibilidad de dejarla tal y como está. Tarde o temprano el mar se llevaría la sustituta. «O que si se van repoñer moi pronto son os focos que faltan», aseguran.

Portos reconoce buena parte de las quejas y avanza que se repararán

en breve

Un mar lleno de centollas y, en su día, de langostas

O Portiño es hoy en día un muelle que acoge, sobre todo, a marineros de la séptima lista, a los deportivos. Pero fue una gran cuna de profesionales del mar. En su costa faenaban, y aún lo hacen, barcos de bajura que se dedican al cerco. La sardina, la xarda o el jurel capturado frente a la rada de O Portiño es todo un atractivo para los pescaderos. Y sus centollas. Al lado de este muelle está Langosteira. Su nombre viene porque en sus aguas se cogían extraordinarios ejemplares de langosta.

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