Marta Rivadulla: «Este verano voy a 25 bodas»


Su boda la organizó ella con la ayuda de su madre. «Antes las wedding planners eran las madres. Lo que sucede es que ahora tienen menos tiempo», reconoce esta profesional del sector de bodas y eventos que tiene claro lo que vale y no vale en una celebración de este tipo. «Imprescindibles son las flores (no le gusta la paniculata), un buen fotógrafo y un buen videógrafo. La invitación también es muy importante, que es la primera imagen y tiene que decir algo sobre la misma», destaca Marta López-Rivadulla Sández, a la que todo el mundo conoce de la forma resumida, Marta Rivadulla. También reflexiona sobre lo que nunca debe hacerse en un enlace. «Por ejemplo, cortar la corbata del novio. Y en nuestras bodas no se cortan las tartas. Ah, y besos sí, pero morreos no», aconseja a los novios. Charlamos en Le Bistrot de la calle Donantes de Sangre, cerca del espacio de coworking The Roof donde trabaja. Atiende una llamada. «Ahora mismo no te puedo decir si tengo esa fecha libre, ¿te puedo llamar en una hora?», le dice a la comunicante. Me muestra su casi centenar de grupos de wasap. «Con cada boda tenemos uno, y a veces otro específico solo con la novia», comenta. «Los novios también participan en temas concretos como la música o el listado de hoteles. Pero hay algunos que se involucran en todo tipo de detalles sobre la decoración. Hay bodas en las que la novia es él», asegura.

En un sofá amarillo

Se emociona cuando recuerda a la que fue su socia, Indara Rodríguez, fallecida hace unos meses de manera repentina. «Me acuerdo de ella todos los días. Pasaba 14 horas con ella. Estoy triste, pero esto es una empresa y no me pudo quedar de luto. La tarea sigue creciendo y es una responsabilidad continuar con su legado», explica Marta sobre la fundadora de El Sofá Amarillo, la empresa de organización de bodas y eventos que Indara bautizó así porque la idea de montar este negocio se le ocurrió en un sofá de ese color. «Yo llevo desde el 2015. Antes estuve muchos años en un agencia aprendiendo. Ahora tenemos una socia en Madrid porque la mayor parte de nuestros clientes viven allí, aunque después se casen en otro lugar», relata. Tiene 38 recién cumplidos, nació en Lugo, se crio en Santiago y dice que A Coruña «es mi casa para siempre». Tiene dos hijos de 5 y 3 años que se llaman Fiz y Antón, como los de Susana Seivane. «Sí, es una casualidad», dice.

Canciones prohibidas

Cuentan con cantidad de seguidores en Instagram. «Tenemos un estilo muy definido. Las bodas llevan nuestra firma. Nos podemos encargar de todo o de algunos aspectos concretos, según decida el cliente. La gente quiere que les propongamos cosas porque confían en nosotras para que sea personalizada», asegura Marta, que no se decanta (y prefiere no desvelar) tendencias para la temporada de bodas que comienza ya. «Estuvo de moda la estética industrial, la campestre, la tropical... Creo que lo que se va a llevar son las mezclas de estilo con criterio. No todo balas de paja ni candelabros dorados», explica.

El año pasado llegaron a las cien bodas y dice que en su sector «hay mucho intrusismo. Ser wedding planner es algo más. Hay que hacer un proyecto, desarrollarlo, gestionarlo... Vamos a impartir un curso on-line para contar cómo se organiza una boda», anuncia Marta, que este verano acudirá a 25. «Del 26 de mayo al 20 de octubre. 23 por trabajo y dos como invitada. Estas las disfrutas más, pero tener un fin de semana libre y tener que ir a una boda...», comenta sonriente. Virtuosa de la Thermomix, alegre y positiva, dice que su canción es Wouldn’t It be nice de The Beach Boys. «Hay novios que, por ejemplo, no quieren que suene Bisbal. Lo hablamos con el dj y le llamamos canciones prohibidas», comenta mientras echa un vistazo de soslayo a los mensajes entrantes en el móvil. «Mi ambiente es buenrollista», sentencia.

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