Las cuentas pendientes de la zona noble

Más allá de la peatonalización, el barrio necesita mejoras en el espacio público y más servicios

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A Coruña / La Voz

En toda la Ciudad Vieja solo hay un supermercado. No hay ningún barrio en la ciudad con menos oferta de servicios que la zona noble de A Coruña. Donde todo empezó, hoy poco queda. La última vez que hubo vida allí en las calles fue una vida muy poco deseada, la de la movida nocturna que molestaba sobremanera a los vecinos. Pasado ese momento, la Ciudad Vieja desapareció como foco de atracción.

Las únicas medidas para devolverle vida en los últimos decenios han sido todas inversiones privadas de rehabilitación. Sí hay viviendas actualizadas en un área que se está convirtiendo en un barrio dormitorio.

La zona necesita inversiones para mejorar sus espacios públicos. Con el de Ferrol, es el casco histórico en peor estado de Galicia. Lugo, Ourense, Pontevedra y Vigo llevan años invirtiendo en los suyos con resultados visibles. En teoría, a finales de junio se irán los coches de sus calles, pero la ausencia de vehículos no supone por sí misma una revitalización del comercio ni una mejora de los servicios. A muchas casas sigue llegando el camión del butano porque no hay gas canalizado, y hay hogares a los que no accede tampoco el cable de fibra óptica.

Hay demasiadas pintadas afeando las calles, muchos edificios en mal estado y signos de deterioro o de falta de cuidado, visibles casi por todas partes: pavimentos distintos y a veces rotos, cables colgando de cualquier manera de las fachadas, luminarias diferentes y, sobre todo, falta de actividades más allá de las organizadas durante las fiestas del verano.

Los comerciantes hace mucho que reclaman un plan de revitalización con actividades programadas que atraigan vecinos. No se oponen a la retirada de los coches, pero consideran que hacen falta alternativas en el entorno para atender a posibles clientes. A la falta de servicios existentes temen que se sume la incomunicación.

Hay demasiadas dudas en el aire sobre el futuro peatonal. No todo el mundo puede, o quiere, pagarse un aparcamiento subterráneo por mucho que lo hayan rebajado, y los vecinos se niegan a que la zona de residentes se concentre en el Oceanográfico, como pretendía el consistorio en su última propuesta, que no está cerrada y que se expondrá a los vecinos a mediados de este mes. Los que allí viven quieren plazas en el entorno, los comerciantes piden ORA y más sitio de carga y de descarga. Todo en una zona en la que para ir a la compra hay que coger el coche, pero donde no podrán entrar los automóviles.

Hay muchas dudas sobre cómo recuperar un espacio que, además, está claramente dividido: Azcárraga, la Dársena y el Parrote para lujosas viviendas, y las calles interiores donde amenazan, en muchos sitios, los cascotes.

Licencias que se eternizan y falta de un plan con fondos y calendario

La Ciudad Vieja se salvó de milagro de los excesos de la construcción. Los padeció parcialmente en los años 60 -véanse las casas de cemento que despuntan en el entorno de la Colegiata-, pero se les puso freno. Dentro del ámbito Pepri, las obras allí han de respetar el conjunto y contar con los permisos de Patrimonio, una ventaja que lleva aparejada una gran desventaja: esos permisos pueden tardar hasta dos años en llegar, un tiempo imposible para quien quiera rehabilitar para entrar a vivir o desee montar un negocio.

En sus 17 hectáreas de superficie falta un plan de acción con fondos suficientes para una zona que no resiste la comparativa con otros cascos históricos mejor tratados, como Cáceres, Oviedo o Salamanca, y más cerca los de Santiago y Pontevedra.

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