«Aprendí gimnasia solo para dignificar a personas con Down»

«Hemos conseguido que nadie se las quede mirando por ser diferentes, sino por lo buenas deportistas que son», afirma

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a coruña / la voz

Treinta años bailando a su ritmo, con la emoción de la música en la pista, el calor del aplauso merecido, la sonrisa feliz de la familia; y ganando una competición tras otra. El Club Santiago Apóstol de gimnasia rítmica se ha vuelto a proclamar campeón de España. Fue el pasado 14 de abril, en el Palacio de los Deportes de Riazor. Detrás de sus logros está Maribel Dapena, la mujer que escogió este deporte «para dignificar a las personas con discapacidad intelectual» y acertó.

-¿Cómo acaba una musicoterapeuta como usted siendo entrenadora de gimnasia rítmica?

-Yo daba musicoterapia en el centro, pero vi en la gimnasia rítmica una oportunidad para estas personas y me puse a aprenderla. ¡Nunca pensé que acabaríamos destacando!

-Y se estrenaron con una victoria.

-Sí, fue en 1985. Preparé un baile con unos aros y una música de Milladoiro. Las niñas iban al ritmo divinamente, los movimientos eran sin dificultad y cuál fue mi sorpresa cuando nos proclamamos campeonas de España.

-Así que, poco a poco, se fue metiendo en el tema e incrementando la dificultad.

-Me empeñé, me empecé a asesorar, busqué técnicos que me ayudaran y hasta aquí.

-Que acaban de quedar campeonas de España otra vez.

-Y con Marta Bobo, todo un referente para nosotros, entre los miembros del jurado.

-¿Orgullosa?

-Orgullosísima. Hemos conseguido que a nuestras gimnastas nadie se las quede mirando por ser diferentes, sino por lo buenas deportistas que son.

-La mayor parte de su vida profesional ha estado dedicada a la gimnasia rítmica.

-Así es. Me acabé haciendo una experta en eso, pero por casualidad. Los primeros años todos éramos muy nuevos, pero cuando el tema empezó a despegar, se fue profesionalizando.

-¿Cuál fue el punto de inflexión?

-En el año 2005 realizamos el campeonato de España en A Coruña. Ahí es cuando el Concello y la gente del mundo del deporte se dio cuenta de que tenía un equipo de consistencia, con muchos años de trayectoria y con un palmarés muy digno.

-Algo que no se conocía demasiado entonces y, perdóneme, ahora tampoco.

-Es que siempre nos hemos dedicado más a entrenar que a la difusión de nuestros logros. Eso es algo que tenemos que solucionar. Pero el caso es que ahí nos empezaron a apoyar y creamos la escuela de iniciación en la Sagrada Familia y el proyecto de inclusión en el María Barbeito.

-¿En qué consiste?

-Allí nuestras chicas comparten espacio y coreografías con las que no tienen discapacidad intelectual. Está claro que la inclusión es compartir espacios.

-Hablamos solo de discapacidades intelectuales, pero ¿existen las barreras físicas? ¿Con su cuerpo pueden lograr lo mismo?

-Y a veces más, porque las personas con síndrome de Down son muy elásticas. Tienen una flexibilidad extraordinaria.

-¿No son más propensas al sobrepeso?

-Suelen tener más peso por su condición física y si son más pasivas o no se mueven lo suficiente. En realidad, lo único diferente es que nuestras chicas solo han necesitado un poco más de tiempo y paciencia para llegar hasta aquí.

«Lo mejor es cuando un padre te dice que le has cambiado la vida»

Cuando Maribel Dapena creó el Club de gimnasia rítmica en el Santiago Apóstol, había padres que no lo entendían: «¿No será mejor que la niña aprenda a leer y a escribir en vez de estar todo el día bailando?». Y ella contestaba: «Se pueden hacer las dos cosas».

-¿Qué ha supuesto esta actividad para ellas?

-Elevar su autoestima. El deporte nos sirve de medio para que hagan otras cosas: en los viajes a los campeonatos, vamos a ver musicales, al zoo, a la discoteca…

-Lo que quiere es normalizar.

-Y que los demás las vean como deportistas, iguales a las demás. Eso es en lo que mi compañera Julia González y yo llevamos trabajando 35 años. Y también con Clara, que es quien se va a quedar ahora en el club porque yo estoy dando mis últimos coletazos con esta entrevista. El día 25 de mayo me jubilo.

-Es hora de hacer balance, pues.

-Sí. Termino mi vida profesional orgullosa de haberlas dignificado a tope. [Se emociona]

-¿Alguna espinita clavada?

-No haber conseguido que hubiera más grupos de gimnasia rítmica en Galicia. Somos el único.

-¿Y la mejor parte?

-Los padres que te dicen «Nos has hecho felices» o «Nos has

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