La gran migración de los trinadores

Antonio Sandoval Rey

A CORUÑA CIUDAD

Ejemplar de zarapito trinador
Ejemplar de zarapito trinador antonio sandoval rey

Las bandadas de zarapitos pasan en dirección norte

28 abr 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

«¡Ví-vi-vi-vi-vi-vi...!». Su reclamo, inconfundible, destaca estas semanas sobre el resto de sonidos que configuran los paisajes sonoros de nuestro litoral. Sobre todo, en las orillas de la ría, y en los fangales y arenales que descubre la marea baja, repletos de energéticos bocados para estos viajeros de largo recorrido. También en los tramos de costa de rocas bajas, e incluso en los prados más amplios próximos al mar, donde encuentran apetitosas lombrices y otros invertebrados.

Han llegado en bandadas de hasta varias decenas de ejemplares; se van a quedar tan solo unas horas, o quizás unos pocos días, para retomar su ruta en cuanto el tiempo mejore, o se sientan fuertes para poder afrontar su siguiente etapa.

«¡Ví-vi-vi-vi-vi-vi...!». Esos mismos ojos suyos, que ahora buscan bocados entre las grietas y en las pozas de las rocas del entorno de Las Esclavas, estaban hace pocas semanas viendo los inmensos estuarios de Guinea-Bisáu, Gambia y Senegal. O quizá ese humedal de Mauritania, el Banc d’Arguin, donde se reúnen cada invierno infinidad de aves zancudas. Fue en aquellos parajes tropicales donde los zarapitos, que en gallego llamamos mazaricos, escucharon la llamada de las tierras donde nacieron: un aviso directo a su conciencia que, desde hace milenios, suena desde lo más profundo de su condición para recordarles que ha llegado la hora de viajar de nuevo.