La gran migración de los trinadores

Las bandadas de zarapitos pasan en dirección norte

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«¡Ví-vi-vi-vi-vi-vi...!». Su reclamo, inconfundible, destaca estas semanas sobre el resto de sonidos que configuran los paisajes sonoros de nuestro litoral. Sobre todo, en las orillas de la ría, y en los fangales y arenales que descubre la marea baja, repletos de energéticos bocados para estos viajeros de largo recorrido. También en los tramos de costa de rocas bajas, e incluso en los prados más amplios próximos al mar, donde encuentran apetitosas lombrices y otros invertebrados.

Han llegado en bandadas de hasta varias decenas de ejemplares; se van a quedar tan solo unas horas, o quizás unos pocos días, para retomar su ruta en cuanto el tiempo mejore, o se sientan fuertes para poder afrontar su siguiente etapa.

«¡Ví-vi-vi-vi-vi-vi...!». Esos mismos ojos suyos, que ahora buscan bocados entre las grietas y en las pozas de las rocas del entorno de Las Esclavas, estaban hace pocas semanas viendo los inmensos estuarios de Guinea-Bisáu, Gambia y Senegal. O quizá ese humedal de Mauritania, el Banc d’Arguin, donde se reúnen cada invierno infinidad de aves zancudas. Fue en aquellos parajes tropicales donde los zarapitos, que en gallego llamamos mazaricos, escucharon la llamada de las tierras donde nacieron: un aviso directo a su conciencia que, desde hace milenios, suena desde lo más profundo de su condición para recordarles que ha llegado la hora de viajar de nuevo.

La partida y el viaje

Uno de ellos elevaría la voz el primero, para manifestar su disposición a la marcha. A lo largo de los días siguientes, otros le acompañarían en ese anuncio. Hasta que la decisión fue comunitaria y firme. Se alimentaron mejor que los meses anteriores y, un buen día, comenzaron a volar, cada vez más alto, para iniciar su periplo siguiendo las costas de África.

«¡Ví-vi-vi-vi-vi-vi...!», exclama el zarapito trinador que observo y fotografío ahora. Esta vez lo hace para mantener el contacto con los demás, que andan también de roca en roca. Y es como si me relatara cuánto ha visto, tanto en África como, antes de su migración del otoño pasado, en esos remotos lugares que son ahora su meta: Islandia, Groenlandia, Escocia, Escandinavia o Siberia. Allí es donde crían los suyos.

Sus destinos

Varios de sus compañeros llegan volando y se posan cerca con expresión atenta, como esperando una orden. Quizá en esa teima sonora suya se escuche también un matiz de morriña. Su deseo de regresar a su hogar natal debe ser muy intenso.

De repente, levantan el vuelo y cruzan la ensenada del Orzán sobre las olas, rumbo a la Torre. Sigo oyéndolos según se alejan. Como si se despidieran. ¿Habrán decidido un simple cambio de rocas, o lo que hacen es emprender una nueva y larga etapa? Quizá debiera haberles escuchado mejor, para enterarme bien. Sea como sea, les deseo suerte en su viaje.

Vuelo directo de 5.000 km

Algunos zarapitos trinadores no se detienen en ningún lugar en su viaje entre África occidental e Islandia. Así, hace años se comprobó cómo un macho cubría 5.555 km en solo 6 días, con sus noches, de vuelo ininterrumpido.

Un pico muy peculiar

Ese pico tan llamativo les es muy útil a los zarapitos para llegar a los gusanos más enterrados en el fango de los humedales, uno de sus refrigerios favoritos.

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