A Coruña / La Voz

En el año 2015 el gobierno local anunciaba un plan para humanizar la Marina, recién estrenada y convertida básicamente en una explanada a la que buscar usos. Allí hacía falta sombra, repensar el tráfico -más de 3.000 vehículos diarios siguen pasando por la superficie, teóricamente peatonal-, mejorar la señalización, completar los cambios en el paseo de la Dársena y sustituir la pintura provisional por otra definitiva. Hacía falta también cambiar un tramo asfaltado frente a la Autoridad Portuaria, donde las losas habían cedido. Ese asfalto iba a ser provisional. El edil Xiao Varela llegó a indicar que el consistorio había encargado ya unos umbráculos para que los niños tuvieran sombra en el parque.

Tres años después casi nada ha cambiado, solo se ha instalado un banco corrido después de dos trágicos accidentes. Los umbráculos nunca se colocaron y las losas de piedra siguen rompiendo en distintos puntos de la nueva superficie peatonal sin que se haga un mínimo mantenimiento.

En su ánimo de humanizar la zona, el Ayuntamiento llegó a encargar un proyecto arquitectónico para instalar una gran pérgola en el nuevo espacio, con más verde. Nunca se completó aquel plan y el proyecto de ejecución no llegó a encomendarse.

En el Parrote está rota prácticamente toda la iluminación instalada en el suelo, donde algunas lámparas se han convertido en ceniceros que además no se vacían, o al menos no con frecuencia. Las pocas zonas verdes que hay no tienen un mantenimiento regular y no es extraño que la hierba alcance allí cierta altura.

En el paseo del Parrote lo que estaba previsto era sustituir el asfalto por una plataforma única o, al menos, ensanchar sensiblemente las aceras, ya que aquello en teoría es una zona de prioridad peatonal.

La Voz intentó recabar del Ayuntamiento sus planes para ese espacio. Desde María Pita no facilitaron información ayer, pero se comprometen a hacerlo en próximos días. 

Más despacio

Además, buses y taxis que pasan por allí suelen pasarse el límite de velocidad -20 kilómetros hora- holgadamente, según pudo comprobar La Voz esta semana.

Alertaban los hosteleros del riesgo y ayer los vecinos, a través de la asociación de la Ciudad Vieja, presidida por Pedro Roque, insistían en ese hecho: «Evidentemente no van a 20, y sobre todo los taxis y especialmente de noche y los fines de semana son un peligro y dan la vuelta en cualquier sitio», dice, recordando que los límites están para cumplirlos.

Un taxista -prefiere no dar su nombre- apuntaba ayer que hay clientes que se quejan cuando van despacio y recuerda que por debajo de 20 por hora el viaje sale más caro porque se factura por minuto y por kilómetro.

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La Marina se deteriora sin plan de futuro