«¿Y una noria? ¡Qué vistas tendría!»

Recuperar el uso recreativo de los muelles y proteger el mar de nuevas barreras visuales, propuestas vecinales


a coruña / la voz

Si el destino final del suelo liberado en los muelles de Calvo Sotelo y Batería responde a la demanda de los vecinos -al menos de una muestra de los que ayer paseaban por la Marina e imaginaron qué hacer en la fachada sur de la ciudad-, las zonas verdes y de esparcimiento ocuparán el lugar preeminente. «Para empezar, yo creo que sobre todo hace falta poder caminar por los muelles, disfrutar del borde del agua, ver los barcos, ver la ciudad desde allí, recuperar esa memoria del puerto, que es la de mi infancia. Nosotras íbamos con mis padres. A mis hijas, en cambio, les preguntas dónde está la lonja y no saben qué contestar. Y de aquí salieron muchos viajeros y muchos emigrantes», recuerda Begoña Varela.

Entre todas las posibilidades que se abren para este espacio al que el planeamiento urbanístico en vigor, de acuerdo con los convenios del 2004 derivados de la construcción del puerto exterior, destina usos terciarios (comercio, oficinas, hospedaje y equipamientos), el primer mandato es restaurar la conexión con el mar interior que comunica la península de la Ciudad Vieja con Os Castros, aquí oculto por parapetos construidos en intervenciones sucesivas. «Se van seguir facendo moles como esa, mellor que o abran e o deixen como está, ou un parque e listo», advierte el jubilado Miguel Rodríguez, señalando el conjunto de Palexco y el centro de ocio, que desde el cantil de la dársena cierra el horizonte impidiendo ver la otra orilla de los muelles.

Con estos precedentes, el riesgo de que se levante una nueva línea de edificios que vuelva a alejar la vista del agua planea sobre las conversaciones. «Un bar o un restaurante me parece bien. Bares y restaurantes, no tanto, porque al final las terrazas lo invaden todo, taparán el mar, y con una competencia en lugar tan privilegiado como ese los negocios de la Marina y las calles paralelas, que están a 200 metros, quedarán vacíos», advierte Carmen T., que propone actividades de ocio náutico como «un servicio de barcas a remo para salir con buen tiempo».

El espacio es frágil y emblemático. La intervención requiere sumo cuidado. Lo anota David Neira, coruñés de nacimiento trasladado a Londres a los 11 años y de regreso a la ciudad hace tres después de un periplo que también lo llevó a vivir en Costa Rica, desconocía la desafectación de los muelles y la operación urbanística en ciernes. «¿Qué hacer? Realmente es algo serio. Tenemos este shopping center [el centro comercial que es feo y funciona muy poco] es un desastre, más bien, solo se usa como discoteca y como cine, y quita todas las vistas», se queja el profesor de inglés. Su compañera, Valeria Cravea, informática uruguaya afincada en A Coruña desde hace seis años, incide en una zona verde -«¿un parque de estilo inglés?», sugiere el hombre- antes de alumbrar una idea que entusiasma. «¿Un parque de atracciones? ¿Una gran noria? ¡Qué vistas tendría tan fantásticas!».

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