La conversación de la reina Sofía con Generosa


Estaba sentada en primera fila, con sus 103 años y su sonrisa habitual. Por eso, cuando la reina Sofía entró en una de las salas de la residencia de Padre Rubinos, donde la esperaba un numeroso grupo de residentes, saludó a María Generosa Ramos Silva. Durante unos largos momentos, la reina se inclinó para acercar su cara a la de Generosa, sentada en una silla. Preguntada por la larga parrafada, una vez acabado el acto, la mujer decía: «Solo le dije que estoy muy contenta de estar aquí». Esto comentaba al lado de su hermana, Concha Ramos, «que tiene 93 años», y recordando a una tercera hermana, Esther, de 101, «pero esa no está aquí». En los años sesenta Generosa trabajó en la empresa Calvo Sotelo (la actual Endesa), en As Pontes y pidió una excedencia para ir a perfeccionar el francés a París. Sin embargo, acabó quedándose allí durante 19 años cuidando niños de familias de la alta sociedad parisina: «Si te confían los niños es que te confían todo, y más siendo una extranjera», evocaba hace un tiempo en este diario hablando de una experiencia que «volvería a vivir». Sobre su llegada a Padre Rubinos recordaba que conocía la institución «de traer aquí ropa para las monjitas. Las residencias tienen mala fama y veníamos con cierta prevención, pero estoy encantada». Dice que ha tenido varios aciertos en su vida, pero el de irse a Padre Rubinos «fue el último y el mejor». Alejandra, una de las cuidadoras, le recuerda, con mimo, que tienen que ir a comer, y Generosa se va con su sonrisa y sus 103 años, a la espera de que llegue el mes de diciembre para cumplir los 104.

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