La cámara del Parrote envía 21 multas a un vecino de 84 años con permiso para circular

El hombre recurrió las sanciones el pasado agosto tras pagar 1.050 euros, pero no obtuvo respuesta


A Coruña / la voz

Las cámaras que controlan los accesos a la zona peatonal de la Marina, situadas a la altura de la calle Tabernas por un lado y frente a la Autoridad Portuaria por otro, pusieron 34.000 multas en nueve meses durante el 2017. Los dispositivos no hacen distinciones ni avisan y los conductores son sancionados tantas veces como pasen, se hayan enterado los propietarios o no de la prohibición de circular.

El problema es que también sancionan a personas con tarjeta de residente sin que estas hayan encontrado, hasta ahora, una forma de evitar los pagos. El caso de un vecino de Riego de Agua y su pareja ejemplifica el funcionamiento de las cámaras.

Él tiene 84 años y tanto él como su mujer padecen problemas de movilidad, por lo que su coche cuenta con tarjeta de residente y permiso para aparcar en plazas para minusválidos. Con los permisos correctamente tramitados comenzaron a circular por la zona peatonal con normalidad. Pasados unos meses empezaron a llegarles multas a casa, no de una en una ni al poco de cometer la infracción, sino muchos meses después.

Las cámaras entraron en funcionamiento el 3 de abril del 2017. Desde entonces ellos condujeron su coche para acudir a las citas médicas del Abente y Lago y a La Solana. En agosto se encontraron en el buzón con 11 sanciones juntas por un total de 1.100 euros, la mitad por pronto pago.

La pareja acudió al Ayuntamiento a saber qué ocurría. Según cuenta un vecino que les ayudó a tramitar el recurso, les aclararon que los habían dado de alta en el registro de la cámara de la Marina, pero no en la del Parrote, por lo que esta los multaba cada vez que pasaban, confiados, frente a ella. En el consistorio les indicaron que debían pagar las sanciones y después recurrirlas.

Desde ese mes dejaron de circular por allí, pero el problema es que poco a poco les fueron llegando las sanciones acumuladas desde abril hasta entonces.

A las 11 correspondientes a abril y mayo del 2017 les siguieron otras cinco de junio, cuatro más de julio y otra más en agosto. En total, 21 multas, que le supusieron a la pareja de jubilados 1.050 euros por pronto pago. «Si me hubiesen enviado la primera en su fecha ya no hubiera vuelto a suceder», dice el hombre en su recurso ante el Ayuntamiento, en el que suplica que le anulen las sanciones, que empezaron a llegar a su domicilio varios meses después de cometida la primera infracción.

Medio año después de la presentación del recurso en las dependencias municipales todavía no han recibido respuesta por parte del Ayuntamiento en su domicilio.

El consistorio envía las multas en bloque, y no una a una, porque así se ahorra gastos de correo en las notificaciones.

El sistema de multas de las cámaras también causó algunos problemas al principio a los clientes del hotel Finisterre, que según lo acordado tienen permiso para acceder hasta el hotel. Sin embargo, esa situación se corrigió y las multas que disparan los dispositivos son retiradas después cuando el establecimiento envía el listado de los clientes y las matrículas.

La Voz pidió ayer al Ayuntamiento poder hablar con el concejal de Mobilidade, Daniel Díaz Grandío, o con algún responsable del control de los dispositivos, pero no obtuvo respuesta.

El «multódromo» de la Marina que supera a toda la Policía Local de la ciudad junta

Las cámaras de la Marina han demostrado, cuando menos, que son muy rentables. En los nueve meses en los que estuvieron en funcionamiento en la nueva zona peatonal coruñesa impusieron 34.000 sanciones, a 124 al día. Son más que las que puso toda la Policía Local junta a lo largo de todo el año en la ciudad, y eso que el cuerpo está formado por más de 300 agentes. 

La zona se ha convertido en un auténtico multódromo, algo sin precedente en la ciudad. Las sanciones impuestas suponen un total de 3,4 millones de euros a cien euros cada una, cantidad que se reduciría a la mitad, 1,7 millones, por pronto pago. 

El problema de las cámaras es que no están cumpliendo su labor de evitar infracciones, porque tardan mucho en comunicarlas y no evitan, como en el caso del vecino de Riego de Agua, la reincidencia. Además, muchos turistas siguen pasando por allí detrás de buses y taxis pensando que es legal hacerlo, y caen también bajo los objetivos usuarios del hospital Abente y Lago no familiarizados con la reconfiguración del tráfico en la ciudad surgida tras la apertura de los nuevos túneles.

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