Casi 35.000 multas en 9 meses en la Marina

La cámara sanciona más que toda la Policía Local, pero no evita que sigan pasando vehículos


A Coruña / La Voz

La última gran peatonalización llevada a cabo en A Coruña fue la de la Marina y el Parrote, con una restricción de tráfico parcial que eliminó unos 27.000 vehículos diarios de la superficie, pero por donde siguen circulando alrededor de 3.000, entre buses, taxis y residentes.

Allí se optó por un modelo similar al que se implantará en la Ciudad Vieja: instalar una señal de prohibido sin barreras físicas. La gran diferencia está en que, después de un año de vigilancia policial sobre el terreno se acabaron instalando cámaras de control de acceso que multan a quien accede a ese espacio leyendo la matrícula.

El gobierno local puso controles policiales que iban a estar unas semanas, mientras los conductores se acostumbraban a la nueva situación. Lo cierto es que estuvieron un año sin que muchos conductores asumieran la restricción de tráfico. El 3 de abril del 2017 empezaron a funcionar las cámaras, que a base de multas iban a hacer que se cumplieran las normas. ¿Lo consiguieron?

A tenor de las cifras parece que no. Desde abril hasta el último día de diciembre del año pasado la famosa cámara impuso 34.000 multas. El dato es significativo porque son algo más de la mitad -en nueve meses de funcionamiento- del total de sanciones impuestas por la Policía Local en la ciudad durante todo el año 2017. Fueron en torno a 68.000 expedientes para todo el ejercicio, una cifra récord en la historia de la ciudad y que se debe, exclusivamente, a la cámara. 

Recaudación

Durante sus primeros 42 días de uso, 5.868 conductores quedaron registrados por su objetivo. La teoría municipal era que la cifra iba a decaer cuando llegaran los boletines a los infractores, que cambiarían de hábitos. Lo cierto es que los 34.000 expedientes tramitados durante el año pasado arrojan una media de 126 diarios. Los coruñeses, seguramente, ya no pasan en gran número, pero los turistas y, sobre todo, los usuarios del Abente y Lago procedentes de la comarca de Bergantiños, que acceden a la ciudad por la avenida de Arteixo y giran hacia la Marina en la plaza de Ourense -allí sigue sin existir la opción de enfilar hacia los túneles- siguen cayendo invariablemente en la misma trampa.

Así, por el momento las cámaras no han tenido un efecto disuasorio muy acusado, pero sí están teniendo otro: proporcionar importantes ingresos a las arcas municipales.

Circular por la Marina y el Parrote sin estar habilitado para ello supone enfrentarse al pago de 100 euros. Con esa tarifa, los aparatos han recaudado en nueve meses 3,4 millones de euros, cantidad que se quedaría en la mitad, 1,7 millones, si todos los sancionados recurriesen al pronto pago.

La cifra es significativa, pues es el doble de lo que se ingresa por licencias urbanísticas en la ciudad y supone más dinero del que emplea el gobierno local, por ejemplo, en la renta social o en obras de mejora en colegios.

El de la Marina es el ejemplo más claro en la ciudad de sistema de control de accesos a zonas peatonales que no están cumpliendo su cometido. Está por ver si solo con señalización y buena voluntad funciona en la Ciudad Vieja.

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