El SOS de la investigación oceanográfica de España

Personal de los centros del IEO denuncian que la institución agoniza por las dificultades para ejecutar su presupuesto


redacción / la Voz

Con más de un siglo a sus espaldas, el Instituto Español de Oceanografía (IEO) agoniza. Lo denuncian sus propios trabajadores, los más de 300 científicos, técnicos y administrativos que han firmado un manifiesto público en defensa de este organismo público de investigación (OPI) que se muere no de viejo, sino por el trombo causado por una mala gestión que dificulta la ejecución del presupuesto hasta el extremo de que en algunos centros no es posible reparar equipos básicos y mucho menos contratar personal necesario para concluir los programas de investigación que están en marcha, algunos en colaboración con otras instituciones europeas.

A diferencia de otras OPI, que han tenido fluctuaciones, la trayectoria del IEO ha sido de una «lenta caída libre e en picado», explica Mari Carmen Vázquez, representante sindical del Oceanográfico de A Coruña, que explica que esta anoxia financiera llega en el cincuentenario del centro herculino, que ni siquiera es capaz de editar una guía sobre las especies marinas con las que trabajaron desde 1968, en que comenzó su actividad, hasta hoy por falta de fondos.

A juicio de la plantilla, la raíz del problema está en que la dirección de la institución no ha sabido acompasar el incremento del número de proyectos de investigación en los últimos años y la necesaria modernización del sistema de gestión y la estructura del organismo que esa mayor actividad requería. Eso, unido al cambio en el sistema de control del gasto por parte de Hacienda, se tradujo en una «drástica disminución de la ejecución presupuestaria», que pasó del 90 % en el 2013 al 50 % en el ejercicio pasado. Y esa incapacidad para ejecutar el gasto ha derivado en un ajuste adicional que provoca que, para este ejercicio, el IEO solo pueda disponer del 30 % de lo presupuestado en el 2017, que fue de unos 60 millones.

Esta tesitura impide al instituto y a sus 9 centros asumir sus compromisos, con todo lo que eso conlleva: retrasos en los pagos, devolución de subvenciones, desincentivación en el liderazgo de proyecto... En definitiva, «pérdida de prestigio de la institución y de sus profesionales».

La plantilla trata de aguijonear al equipo directivo, sacarlo de su conformismo, para que realice un diagnóstico del problema, del que es perfectamente consciente, y ponga remedio a esta «situación de parálisis estructural».

Por lo de pronto, el personal ha firmado el manifiesto que leerán el martes en sus centros.

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