Sor Eusebia ampliará sus plazas por la demanda de personas sin hogar

Las 60 habitaciones de su residencia estuvieron ocupadas durante todo el 2017


a Coruña / la voz

La entidad social Sor Eusebia quiere ampliar sus plazas hasta las 72, un aumento del 20 %, para afrontar la creciente demanda de ayuda de personas en situación de exclusión social en la ciudad.

El presidente de Sor Eusebia, José Martínez Rico, afirmó que la situación «no mejoró nada», y que la demanda es constante. Las 60 habitaciones que tienen disponibles registraron una ocupación casi total en el 2017, a pesar de que el año pasado hubo 17 bajas y solo se aceptaron 16 de las 28 solicitudes de ingreso, según la memoria de la institución.

La problemática sigue estancada, con unas 20 personas durmiendo en la calle y una demanda de ayuda constante, a pesar de que el año pasado abrió el centro de baja exigencia del Ayuntamiento en Monte Alto.

Martínez Rico señaló que el Ayuntamiento «puede tener buena voluntad», pero lamentó que «se está gastando más para seguir igual», ya que esos centros no abordan la problemática de muchas personas sin techo, que necesitan «tener su reducto».

El director de Sor Eusebia, Diego Utrera, recordó que siguen muriendo personas en la calle, dos el año pasado. En la memoria de la entidad, Utrera recuerda una cita pronunciada en las jornadas Soluciones para los sin techo: «La exclusión [social] es una violación de los derechos humanos», y recuerda la ironía de que ese mismo día se conociese que el Ayuntamiento había recibido dos premios por sus políticas de bienestar animal. «Enhorabuena», concluyó.

Utrera también insistió en que el centro de baja exigencia es un recurso «duplicado», e hizo hincapié en que está gestionado por una empresa privada, un hecho que también ha criticado el PSOE. Según explicó, el coste por día y usuario de ese centro ambulatorio en el que se ofrece un sofá para descansar y una bebida caliente supera los 41 euros, mientras que Sor Eusebia ofrece los servicios de una residencia por 17,3 euros por día y usuario. 

Micasita, irrenunciable

Los dos responsables insistieron en que es preciso dar un nuevo enfoque al problema de las personas en exclusión social para que puedan integrarse y salir de esa situación; y subrayaron que «todos los caminos llevan a Micasita», en referencia al programa más ambicioso de la entidad.

El proyecto consistía en la construcción de 20 minicasas para personas sin techo. Allí tendrían un espacio que podrían llamar suyo, y donde podrían dar sus primeros pasos para volver a integrarse en sociedad.

El proyecto fue desarrollado en colaboración con la UDC, el Club de Leones Decano, la Xunta y el Ayuntamiento. Su tramitación se inició en enero del año pasado. Iba a estar en una parcela de Eirís, pero los vecinos del barrio se opusieron al enterarse de la ubicación por una nota de prensa enviada desde el Ayuntamiento antes de que los responsables de la asociación del barrio pudiesen explicar el proyecto.

Ante la oposición de los residentes se buscaron otras opciones, como una parcela de Visma, pero tampoco fraguaron y en noviembre la concejala de Xustiza Social, Silvia Cameán, anunció que el proyecto quedaba descartado de manera indefinida.

En la memoria de la entidad, Utrera destaca el «giro importante en el devenir del proyecto», y apunta a «razones inexplicables o inconfesables» que hicieron que «el compromiso formal del Concello expresado en marzo [del 2017] de ceder una parcela para la construcción de Micasita se truncara». Una decisión que ayer calificó de «craso, monumental error» de los «responsables políticos y sus asesores».

Para él, el «desarraigo», la falta de «sensación relacional y de pertenencia» son claves que explican la exclusión social. «Lamento que no lo hayan entendido», afirmó en referencia a los responsables del gobierno local.

La directora de la Escola Universitaria de Traballo Social, Teresa Facal, tiene una opinión similar. Según ha señalado, el proyecto Micasita «parte de una dimensión diferente, dignificando la situación de estas personas, trascendiendo el concepto de recurso de alojamiento y dotando a las personas de autoestima, autonomía y capacidad de decisión».

Facal entiende que la iniciativa ha encontrado «obstáculos» por distintos motivos, entre ellos «el miedo a la pérdida o el detrimento de la función de control social de los recursos», pero atribuye esa actitud al «desconocimiento» e insiste en la necesidad de «visibilizar el proyecto» con el fin de alcanzar una sociedad «más solidaria y más inclusiva».

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