María Figueiral Prada: «He querido mostrar la crisis desde el otro lado del cartel de 'Se vende'»

Plasma en su libro el duro proceso de liquidación de un negocio familiar de más de 40 años


A Coruña / La Voz

María Figueiral es periodista aunque no quiera. Abandonó el ejercicio práctico de la profesión cuando surgió el «desamor con el mundo de la comunicación». Pasó entonces a trabajar en la empresa de mobiliario de cocina y baño que tenía su familia y que fue durante cuarenta años un referente en toda Galicia, llegando Figueiral -que así se llamaba la empresa- a tener establecimientos en Ourense, Lugo, Vigo y en A Coruña, en Juan Flórez. La crisis se llevó por delante este negocio, como tantos otros. María ha recogido el largo y doloroso proceso de liquidación de la empresa en un libro que ha titulado Cartas de ajuste, en el que cuenta las cosas tal cual, sin esparcir culpas ni tirar del victimismo: «En mi casa las cosas funcionan así, hay que asumir los errores y enmendarlos. Eso me enseñaron mis padres», cuenta Figueiral.

-¿Otro libro sobre la crisis?

-Pero es un libro humano, no de economía. Habla de la crisis, pero lo que cuenta es la historia de una familia, de mi familia, abocada a cerrar su negocio después de cuarenta años de trayectoria exitosa. El final no hacía justicia a lo anterior.

-¿Qué la llevó a ponerlo por escrito?

-Al principio fue como una necesidad muy visceral. El día que me tocó colgar el cartel de «Se vende» en el escaparate de la tienda de Juan Flórez sentí la necesidad de volver a escribir, cosa que llevaba tiempo sin hacer.

Llegó un momento en que las calles se llenaron de carteles de «Se vende», empezaron a cerrar los negocios tradicionales, y se iban en silencio, sin hacer ruido. Parecía que a nadie le importaba. Quería mostrar la crisis desde el otro lado de ese cartel de «Se vende». Era un punto de vista que no se había tocado mucho, el del pequeño empresario forzado a cerrar, quizá porque los protagonistas de estas historias las hemos ocultado y silenciado, porque el fracaso no es fácil de admitir.

-Pero en el libro deja claro que una pérdida no tiene por qué ser un fracaso.

-Aprendes a vivir con tu propia crisis personal, y espero haber aprendido a darle la vuelta y no convertirla en fracaso. Pero cuando digo esto me estoy refiriendo más a mi madre que a mí. Ella ha sabido adaptarse a las circunstancias, es un ejemplo de entereza e integridad. La crisis le ha quitado muchas cosas, pero nunca la dignidad. Ella es la muestra de que se puede perder sin fracasar.

-Sorprende la sinceridad con la que aborda el relato. Muestra a su familia al desnudo.

-O lo contaba bien o no contaba nada. En mi entorno me decían por qué no buscaba seudónimos, pero, ¿cómo iba a inventar un nombre para mi madre o para la empresa, que lleva mi apellido? Muchos no lo entendieron, pero es una cuestión de honestidad, sobre todo de cara a mis padres, a cómo me enseñaron a afrontar la vida.

-Contrasta la frialdad de todo el proceso con el hecho de que se trate de su familia.

-Es algo sumamente doloroso. Obviamente, si llegamos a ese punto es porque habíamos cometido errores. Era una empresa ligada al mundo de la construcción, las ventas se redujeron, se acabó el crédito y no hubo más salida que la liquidación. Es un proceso en el que a nadie le importa lo que te pase ni las consecuencias personales y familiares que pueda conllevar, que son todas las que te puedas imaginar. Tuvimos dos administradores concursales y estoy convencida de que no saben lo que vendía Figueiral. Les daba igual que en esas estanterías hubiese cuarenta años de historia.

Recuerdos de Juan Flórez. A María Figueiral se le siguen yendo los ojos al escaparate del local que ocupaba el negocio de su familia en Juan Flórez, y que ahora está dedicado al textil: «Me gusta verlo así, con vida. Prefiero que haya movimiento, que le vaya bien a la gente, que no ver el bajo cerrado y agonizante. Eso me mataría», asegura la escritora.

«El error estuvo en creer que tu empresa eres tú hasta las últimas consecuencias»

En un capítulo de Cartas de ajuste, la autora cuenta cómo salva de convertirse en chatarra algunas piezas de grifería de los años setenta. Unos elementos únicos y arriesgados que ya no se encuentran entre las tendencias monocromáticas actuales. Y afirma María Figueiral en el libro que en algún momento utilizará las piezas para montar en casa un monumento a la gente sin complejos.

-¿Ha montado ya ese homenaje?

-¡Todavía no, pero lo haré! Lo que sí tengo en casa son las piezas pequeñas de porcelana que mi padre tenía en su despacho.

-¿Ha llegado a descubrir dónde estuvo el error que les llevó al cierre?

-En arriesgarlo todo por tu negocio. Arriesgar el patrimonio propio, convencido de que tu empresa eres tú hasta las últimas consecuencias. Hay que tener la mente fría, que no te pueda el corazón.

-¿Sacó al menos algún aprendizaje de la experiencia?

-Sí que aprendí, y mucho. Me ha cambiado la manera de ver el mundo. Ya no hago planes, me he vuelto sumamente pragmática, actúo con más perspectiva, poniendo cada cosa en una balanza...

-¿Volvería a meterse en el mundo empresarial?

-Depende... ¿Qué me ofreces? Pero sí, ¿por qué no? Eso sí, no pondría todas las manzanas en el mismo cesto.

-La gran protagonista del libro es su madre. ¿Qué tal está, tras todo este infierno?

-Muy bien, emocionada con esto del libro. Es muy fuerte, aunque ella no lo sepa y tenga una apariencia frágil. Conté con su visto bueno para publicar el libro. Eso era fundamental para mí. Es más, me animó a profundizar. Cree que es de justicia que esto se sepa. Y no le da miedo.

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