Coruñesas en lucha por la igualdad

Un grupo de mujeres reflexiona sobre la esforzada batalla por la normalidad, «aún muy lejana»


a CORUÑA / LA VOZ

Así como el 24 de octubre de 1975 las mujeres de Islandia paralizaron el país saliendo a la calle para reclamar igualdad, el 8 de marzo del 2018 quedará señalado en los anales españoles como el día de la primera huelga general femenina y feminista que conoce el país. En A Coruña coincide con el festivo local decretado por el ayuntamiento con motivo del Día de la Mujer Trabajadora que se celebra hoy, de manera que «aunque es para hacerla [la huelga], al final no se sabrá la incidencia», advierte Pura Caaveiro, jueza de Instrucción número 7 de A Coruña, venciendo su resistencia a cualquier gesto que le traiga notoriedad. «Es por una buena causa, la igualdad se ve muy lejana y necesitamos fortaleza para seguir luchando», afirma desde su despacho en la sede de los juzgados. En el mercado de San Agustín, Ángela Barrán, tercera generación de pescaderas de la familia, presidenta de las placeras, estudiante de Derecho y madre de dos hijos, también expresa su apoyo al paro. «Yo se lo dije a mi marido. Mañana [por hoy] estoy en huelga. Ni las camas. Y por la tarde me llevo a los niños a la manifestación. Espero que venga mi madre y, el trocito que pueda, mi abuela».

Las jubiladas

Irá también Fina Rivas, enfermera jubilada y a sus estupendos 80 años cuidadora principal de una de sus hermanas pequeñas. Y Puri Méndez, de 77, trabajadora jubilada de la Fábrica de Tabacos, «estropeada de la espalda, como todas mis compañeras» y depositaria de la memoria de las primeras cigarreras, que iniciaban a las aprendices en el oficio y la solidaridad. «Yo entré con 17 años y eran las mayores, muy mayores, las que nos explicaban todo. Muchas huelgas hicimos. Íbamos todas a una. Recuerdo estar todas en la escalera de la fábrica con unos lacitos azules. Luchábamos para que nos quitaran horas, teníamos jornadas muy largas, y todo hay que decirlo: nuestros representantes estaban detrás. Juan Lojo Fandiño nos ayudó muchísimo», explica.

¿Presente o pasado?

En pocos años se produjeron grandes avances en la vida de las mujeres. Pero el presente y el pasado no están tan alejados como podría parecer. En ocasiones son lo mismo. Any Voinea fue obligada a casarse con un hombre elegido por su familia, un clan rico que ofreció para sellar el matrimonio una buena herencia, animales y una casa de dos pisos. El hombre nunca trabajó. Desde el principio maltrató sistemáticamente a su mujer y a su hija, que hoy tiene 24 años y sufre una discapacidad por los golpes recibidos. «Hasta que un forense de Bucarest me dijo: ‘Tienes 44 golpes. Te va a enterrar’. Y me separé. La vida no le pertenece a nadie, solo a uno mismo». Sucedió en Rumanía. En A Coruña, donde Any Voinea reconstruyó su vida hace 17 años, esta superviviente desempeñó diferentes empleos y hace poco más de dos meses recorrió las paradas de taxi repartiendo currículos para ponerse al volante. «Muchos no lo quisieron coger y una mujer me respondió que no le interesaba mi currículo porque yo era competencia para ella. Ahí me dio un bajón». Pero consiguió su objetivo. Hoy trabajará, «aunque la huelga está justificada». Considera que el Estado «tampoco nos defiende: la ley prohíbe pagar a una mujer menos que a un hombre por hacer el mismo trabajo, hay infracciones y lo saben, pero no sancionan». Y envía un mensaje a «todas las madres y todas las mujeres. Sigan adelante, de frente, digan lo que digan. Solo ellas, cada una de ellas, saben lo que saben, lo que vivieron y lo que tienen que hacer».

Las mujeres representan más del 50 % de la población coruñesa (130.000 frente a 113.000 hombres). También nacen y mueren más mujeres que hombres cada año. Sufren más paro (10.000 personas frente a 8.000) y perciben pensiones mucho más bajas, tanto como 894 euros de media, cuando el importe masculino supera los 1.200 euros, según datos del Instituto Galego de Estatística correspondiente al 2016. «¿Y alguien cree que una mujer no es capaz de hacer lo que hace un hombre? ¿Y alguien cree que un hombre es capaz de hacer lo que hace una mujer?», pregunta airada Fina Rivas.

El techo de cristal

A Carmen Montero, jefa de servicio de Neumología del Chuac, cuando era más joven algunos pacientes le hacían notar sus reservas sobre su competencia profesional. Hoy subraya la hegemonía femenina en su especialidad -en su equipo, 14 de 17- y, en cambio, el dominio masculino en los ámbitos de gestión. Coincide con la magistrada Pura Caaveiro, que incide en la paridad en la cifra de jueces y la aplastante masculinidad del Poder Judicial. «Es como si hubiera dos varas de medir», señala la jueza, que defiende la discriminación positiva, observa actitudes paternalistas y apuesta por un cambio individual. «A veces el mal está en nosotras mismas, en no darnos cuenta de lo importantes que somos».

Mónica Castelo lo sabe. Juega a rugbi en el CRAT y es campeona de la División de Honor. Son casi fijas en el mundial. Vencieron a Escocia. El sábado ganaron el campeonato de Europa con la selección. Apenas fue visible. «A ver si la gente se da cuenta de que no podemos seguir así», clama.

Carmen Fernández recibe el Premio 8 de marzo de UGT

Carmen Fernández Ramón, delegada sindical y trabajadora jubilada del sector de la limpieza, recibió ayer el Premio 8 de marzo concedido por la dirección local de UGT. El sindicato distinguió en el 2018 a una mujer que representa a un sector «dobremente discriminado» al estar integrado fundamentalmente por mujeres, con pensiones más bajas que la media. 

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