La odisea de cruzar hacia Palavea entre 40.000 automóviles

A falta de la pasarela, que iban a hacer hace 30 años cuando se puso Alcampo, los vecinos han ido habilitando varios «carreiros»


A Coruña / La Voz

«Volver con la frente marchita las nieves del tiempo platearon mi sien. Sentir que es un soplo la vida que veinte años no es nada que febril la mirada errante en las sombras te busca y te nombra». El viejo tango bien lo podrían cantar muchos vecinos de Pedralonga que hace casi 20 años, el 13 de enero de 1999, ya se concentraban para pedirle al Ministerio de Fomento que construyera una pasarela que uniera su barrio con Palavea. Siguen sin ella y con la vida en un soplo, jugándosela en muchas ocasiones al cruzar por sitios en los que no hay ni paso de peatones, ni señalización de ningún tipo, ni casi aceras.

Uno de los vecinos, al que las nieves del tiempo platearon las sienes, se dirigía a las dos de la tarde de ayer a recoger a su nieto sorteando vehículos. De la pasarela, apuntaba, cree recordar que «me parece que ya dijeron que la iban a hacer cuando se puso Alcampo, hace 30 años».

Bajar desde Pedralonga, la zona donde está la fábrica de armas, hasta el centro comercial o hasta la guardería que hay detrás del mismo supone para los vecinos una odisea que viven a diario: lo primero que tienen que hacer es salvar el tráfico de los vehículos que bajan desde Eirís y se quieren incorporar a la avenida de Alfonso Molina en dirección hacia A Coruña. No tienen otro remedio que compartir asfalto con los coches, pues no hay aceras ni pasos de cebra. En el siguiente tramo han de sortear los automóviles que vienen de O Portádego para tomar Alfonso Molina. Y si ya es arriesgado recorrer los primeros veinte metros, queda lo peor, pues se ven en la necesidad de caminar por el vial que cruza Lavedra. Este puente tiene al lado del lugar por donde pasan los peatones una construcción de cemento, vallada, que parece que podría ser la ansiada pasarela, pero no: «Eso es una conducción de agua, un tubo grande que va por ahí», explica un vecino.

Anteproyecto y peticiones

En noviembre del 2009, el Ayuntamiento remitió a la Dirección General de Carreteras un anteproyecto de la pasarela, a pesar de que consideraban complicado hacerla, ya que debería tener una altura mínima de 7 metros, con rampa para minusválidos a ambos lados. Dos años más tarde, en enero del 2011, los vecinos volvieron a concentrarse demandando nuevamente la construcción de la pasarela.

Por ahora, al acabar de cruzar el puente (para coches) sobre la principal vía de entrada a la ciudad, los vecinos se encuentran con una zona de césped en rampa en la que, a base de cruzar una y otra vez, han hecho un carreiro al final del cual han de sortear los vehículos que van hacia Vilaboa desde Alfonso Molina. «Ese es un sitio complicado para cruzar», apuntaba un vecino que lo usa siempre que va a la compra.

Entre las opciones para sortear los 40.000 vehículos que pasan a diario por este cruce, uno de sus usuarios indicaba que está la de bajar hasta A Pasaxe, si bien «allí el paso de peatones casi no se ve», o subir hacia Palavea, unos cientos de metros, donde sí hay una pasarela.

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