Xosé Alfeirán: «El entroido coruñés está vivo, no es un fósil anclado en la tradición»

Alfeirán presenta esta tarde su libro sobre la historia del carnaval en la ciudad


A Coruña / La Voz

El título puede llevar a engaño. Las casi 200 páginas de Choqueiros. Breve crónica histórica do carnaval coruñés solo le han dado al historiador Xosé Alfeirán para llegar hasta 1882. El resto de la historia esperamos que se cuente en venideros entroidos. Por ahora nos quedamos con este primer tomo que se presenta esta tarde en el Circo de Artesanos.

-El título promete que es breve, pero la crónica parece que finalmente va a ser más que extensa.

-La idea era hacer una crónica del entroido coruñés, no un tratado antropológico ni sociológico. Lo que quería hacer en un primer momento era llegar hasta 1936, pero encontré tanta información y, sobre todo, tan jugosa que tenía que detenerme más. Las crónicas periodísticas del siglo XIX son maravillosas, y me parecía de justicia que la gente pudiera leerlas, así que fui incorporándolas al libro. Yo solo hago de guía, de recopilador. La historia la van contando los cronistas de la época.

-¿Por qué se para en el año 1882?

-Porque ese año tuvo lugar el último carnaval civilizado. Si estudias detenidamente el carnaval ves que hay unos elementos que se mantienen, pero otros muchos cambian incluso de manera radical. Esto me permitió dividir el libro en tres partes. La primera es el carnaval primitivo, que llegaría hasta 1834, y que sería un carnaval semejante al de otras villas y aldeas gallegas. Con la llegada de la libertad, asociada a la revolución liberal, llega el que llamo carnaval enchoupado, porque había unas batallas con agua, harina y huevos de las que no se salvaba ni el alcalde. Y en 1862 hay un cambio radical, la ciudad abandona ese carnaval salvaje por uno más civilizado, con grandes mascaradas y desfiles en los que participan todos los ciudadanos. Todo se organizaba a través de los gremios profesionales y las asociaciones de recreo como el Circo de Artesanos. Y todo financiado por el Ayuntamiento. A partir de 1882 las crónicas de La Voz de Galicia, que acababa de nacer, hablan ya de un carnaval en decadencia, de la desaparición de las grandes mascaradas y de que lo único que queda es la presencia de choqueiros por las calles. 

-Cuesta imaginarse a día de hoy esas guerras de agua en plena calle Real.

-Pues lo de lanzarse cosas siempre ha estado ahí. Primero eran naranjas y huevos podridos, después agua y más tarde dulces y serpentinas, pero el espíritu es el mismo.

-¿A qué obedecen estos cambios en el carnaval?

-A los propios cambios sociales. La sociedad va avanzando y el carnaval es un reflejo de la sociedad. El entroido coruñés no es un fósil anclado en la tradición, sino que está vivo. Mantiene su espíritu inicial, de alteración del orden tradicional. Pero después obedece a las circunstancias sociales que le rodean en cada momento. Nuestro carnaval es urbano, no puede pretenderse que sea como el de Laza. Se mantiene vivo gracias al apoyo de la sociedad civil y la ayuda institucional. No puede faltar ninguna de las dos.

-¿Cuándo nace la figura del choqueiro?

-Siempre ha estado ahí, aunque ha sufrido también algún cambio. El disfraz primitivo de choqueiro está hecho de farrapos, ropa vieja y una máscara hecha con piel de conejo o de filloa. También cambia su actitud: el choqueiro primitivo andaba con una escoba dando varazos por todas partes y gritándole a todo el mundo, lo que denota un pasado común con figuras como los peliqueiros. Cuando desaparecieron las mascaradas, los choqueiros tomaron la calle y el Ayuntamiento pasó de la tolerancia a la persecución. Desde 1901 había que pagar por llevar máscara y en 1916 solo se permitía pasear disfrazado por los Cantones. Todas estas medidas iban dirigidas a eliminar al choqueiro, pero este aguantó a pesar de todo hasta nuestros días.

Primer choqueiro. Alfeirán ha encontrado la crónica que recoge al primer choqueiro documentado: «Es el primero al que se refieren los diarios con nombre y apellidos. Lo publica La Voz de Galicia en 1882 y se llamaba Ramón Calero Sampedro, un vendedor de periódicos y lotería que protagoniza una crónica hilarante», explica.

«En el siglo XIX teníamos un carnaval subversivo, todo podía ser objeto de burla»

A lo largo de los años el carnaval coruñés ha experimentado grandes cambios que Alfeirán documenta en su libro.

-El carnaval se celebraba antes más en el centro, y ahora es Monte Alto el epicentro.

-La calle Real fue el centro del carnaval durante todo el siglo XIX, lo que no quita que también se viviese en otras zonas. Lo de Monte Alto se debe a que sigue manteniendo su espíritu de barrio. El Gurugú ya no es el barrio marinero que fue, Cuatro Caminos tampoco es ya el barrio obrero y la Gaiteira no tiene nada que ver con lo que fue. Pero Monte Alto, sí, y hay cierto orgullo y apego, los que nacieron allí quieren seguir viviendo allí.

-Otras tradiciones, como el apropósito, ¿de dónde salieron?

-El entierro del entroido se acompañaba de un sermón fúnebre en el que se criticaban los usos y costumbres de la sociedad coruñesa. Este sermón empezó a tener tanto éxito que terminó pasando de la calle al teatro. Y eso derivó en el apropósito.

-¿Tiene ya documentada la historia más allá de 1882?

-Llegué hasta 1901 y ahí paré. El problema a partir de ahí es el exceso de información. Se produce un fenómeno curioso, surgen dos carnavales diferenciados, el choqueiro en zonas como el Gurugú o la calle de la Torre, y el oficial que intenta lanzar el Ayuntamiento. En el siglo XIX participaban todos del mismo carnaval. La ciudad era pequeña y no tenía grandes conflictos sociales todavía. Así que se disfrazaba toda la ciudad, hasta los militares, que iban con sus orquestas disfrazados de mujeres. Era un carnaval civilizado pero subversivo, en el que todo podía ser objeto de burla.

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