El aumento del consumo de heroína trae consigo más robos y atracos

En una sola calle de los Castros asaltaron a una joven y entraron en una veterinaria


a coruña / la voz

La heroína, una de las drogas más devastadoras por su efecto en la salud física y mental de quienes la consumen, vuelve a las calles. Como si no hubiese memoria de los dramas que causó en los ochenta, una nueva generación de jóvenes, mucho más preparados e informados que los de entonces, han comenzado a consumirla de manera muy preocupante, según la Asociación Ciudadana de Lucha contra la Droga (Aclad). A falta de las cifras oficiales del 2017, la psicóloga clínica y coordinadora de prevención de esta institución, Maite Lage, alerta de que les han llegado, por un lado, más consumidores de cocaína que en el 2016 - muchos de ellos nuevos, que no habían intentado buscar ayuda antes- y, por otro, que han aumentado los heroinómanos. «En todo el Estado subieron los consumidores de esta droga, después de varios años en los que disminuían. Nosotros, por ahora, no tenemos usuarios nuevos de heroína, pero sí más recaídas que en otros ejercicios», explica Maite Lage. Lo peor es que los que ahora empezaron todavía no la sienten como un peligro y, por tanto, no piden ayuda.

Este repunte del consumo trae consigo también un aumento de los robos y atracos en la ciudad. Lo constatan en la Policía Local y Nacional; si bien precisan que el empleo de la fuerza o la agresión quedó en épocas pasadas. «El heroinómano de ahora, por lo general, no es violento ni quiere causar daño a la víctima. Busca dinero rápido y fácil. Tampoco grandes cantidades que le obliguen a un riesgo mayor», explican fuentes policiales.

Dos ejemplos de cómo actúan se vivieron esta misma semana en dos calles paralelas de los Castros, Vales Villamarín y avenida de Oza. El martes, una joven que se encontraba sacando dinero del cajero en esta última vía fue sorprendida por detrás cuando salía el dinero y se lo arrebataron. No le causaron daño ni la intimidaron para que retirase más billetes. Un asalto rápido. Un día después, dos hombres -uno alto y delgado y el otro más bajo y moreno- entraron en una clínica veterinaria cuando la propietaria se encontraba en la trastienda. Abrieron la puerta, se agacharon para que no sonara el timbre de aviso, cogieron la caja registradora y se la llevaron a la carrera. A la dueña solo le dio tiempo a verlos huir. La Policía Nacional ya los tiene identificados. Solo falta encontrarlos. 

Barrios

Robos similares se han visto en los últimos meses por varios barrios de la ciudad. Como en la zona de las Conchiñas, en el Agra del Orzán. Hace tres semanas asaltaron una tintorería: «Entró un joven, alto y desaliñado. Me dirigí hacia él y me dijo: ¡Párate, ni te muevas!», contó Patricia, la dueña. Se paró, el ladrón entró en el negocio «y al no ver la caja me robó el móvil, una calculadora y hasta una imagen de la Virgen», subrayó. También accedieron a un supermercado «y lograron solo un pequeño botín económico ya que la presencia de los clientes les impidió llevarse más», contó una responsable del negocio. Otra víctima fue un repartidor: «Salió de local y sorprendió a un hombre en el camión robándole mercancía. Lo agarró, lo retuvo y lo entregó a la policía», contó un testigo de este asalto.

Se trata de robos, en su mayoría, en los que se amenaza y amedrenta, pero no se usa la violencia.

Según las últimas estadísticas policiales, del primer semestre del año pasado, en la ciudad se produjo una media de un atraco cada dos días.

Condenado a dos años un hombre que asaltó un banco y al día siguiente se entregó

El Juzgado de lo Penal número 5 acaba de condenar a un hombre a cinco años de prisión como autor de un delito de robo con intimidación. La pena no es mayor porque el delincuente, con varios antecedentes penales, se arrepintió al día siguiente y se presentó en comisaría cuando ni siquiera lo buscaban.

Los hechos sucedieron el 17 de octubre del 2015. A primera hora de la mañana, el procesado entró en una sucursal del Cantón Grande. Se dirigió a la caja y con un cuchillo amedrentó al empleado, que le entregó poco más de 300 euros. Al día siguiente, se personó en comisaría para entregarse. Este gesto le sirvió para que la pena le quedase en dos años y no en cinco. 

Con cuchillo y amenazante

No fue tan manso el hombre con el que se tuvo que medir la Policía Local este pasado miércoles. La sala del 092 recibió una llamada alertando de que un individuo caminaba desde el mercado de Elviña a la fuente de las Pajaritas gritando y gesticulando en tono amenazador y con un cuchillo de grandes dimensiones en una mano. Dos agentes le salieron al paso y el hombre ocultó el arma entre sus ropas. Decía que estaba bien, que le dejaran seguir. Pero uno de los policías pudo ver parte del arma y se la arrebató. En ese momento, el alborotador comenzó a insultar y amenazar a los agentes, que al final pudieron controlarlo.

Ese mismo día, ya de madrugada, una patrulla del 092 dio el alto a un conductor. En el vehículo llevaba también un cuchillo y comprobaron que tenía el carné retirado y muchos antecedentes.

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