Los amores oxidados del Millenium

A Coruña se suma a los candados amorosos con casi 200 colgados alrededor del monumento


A Coruña / La Voz

Elevado unos metros por encima del mar. Abierto al Atlántico. El lugar, para algunos, evoca la proa del Titanic. Allí, frente al océano, abrazados como Leonardo DiCaprio y Kate Winsle, azotados por el viento y salpicados por las olas, parejas de coruñeses se prometen amor eterno. Han decidido que, a falta de un puente Ljubavi, aquel donde los enamorados Nada y Relja solían encontrarse antes de que la primera gran guerra los separara, la valla que rodea el Millenium es un buen lugar para colgar los denominados candados del amor. Allí, frente al mar, hay casi 200, de todo tipo. Alguno lleva pegada la foto de los protagonistas. Otros no tienen nada. En muchos están escritas las iniciales o alguna fecha. En otros figuran los nombres de pila de quienes tiraron la llave al mar, para eternizar su amor. Poner los nombres era lo que hacían las vecinas de Nada, maestra de escuela, cuando ella murió con el dolor de saber que Relja, oficial serbio, se había ido primero a la guerra y luego con otra mujer: aquellas mujeres escribían los nombres de sus amores en los candados que luego colgaban en el puente donde Nada y Relja solían verse. Así lo recoge un melancólico cuento serbio escrito antes de la primera guerra mundial y que hizo que el puente Ljubavi pasara a conocerse como el puente del amor.

Por ahora, el monumento instalado en Labañou para marcar el cambio de milenio ha recibido todo tipo de calificativos entre los que no figuraba el del Millenium del amor, en el que parece haberse convertido con la colocación de los candados. De todos modos, es una forma de darle algún uso a un esqueleto de acero de 20 toneladas que está cubierto por un puzle de 174 piezas de vidrio, diseñadas en su día por el artista coruñés Gerardo Porto. Ahora, las parejas que acuden a su entorno escriben su propia historia y la cierran en un candado, muchas veces aprovechando la penumbra del Millenium que se quedó a oscuras con su estructura de 50 metros de alto. En ella también están escritas historias, algunas poco amorosas como la de la batalla de Elviña o la pelea de María Pita con Drake. Aunque otras, como la emigración, tengan ese componente amorosamente melancólico que tiene las despedidas.

No son las únicas historias del lugar. En los bajos, en esos 280 metros que iban acoger una cafetería, una sala de exposiciones y una oficina de turismo, hay náufragos de la vida que también tienen sus relatos. El último temporal destrozó el lugar y anegó los papeles que José Manuel había prepara para recibir una ayuda y poder seguir subsistiendo.

El temporal, y el oleaje, también han oxidado los candados, quizá como metáfora de amores oxidados por que, como decía aquella vieja canción, «el amor es como tierra / que hay que arar y sembrar / míralo al caer la tarde / que no lo vengan a pisar». Mucho más que promesas encerradas en un candado.

Con estos candados A Coruña se suma a una corriente que para unos es romanticismo y para otros vandalismo. Este último calificativo empezó a circular en el 2000, coincidiendo con la inauguración del Millenium, después de reaparecer esta moda en varias ciudades europeas. En Roma fue atribuida a la novela de Federico Moccia Tengo ganas de ti, llevada al cine y continuación de Tres metros sobre el cielo.

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