Muere un indigente en un edificio abandonado en Cancela de Afuera

Los vecinos llevan un decenio denunciando una «grave situación» de inseguridad


a coruña / la voz

Cuando el socialista Javier Losada era alcalde de la ciudad, hace ahora diez años, recibió en su despacho de María Pita a un grupo de vecinos de las calles Cancela de Afuera y Vista Alegre, en la ronda de Nelle y el parque de Santa Margarita. Estaban muy preocupados por la inseguridad en su barrio, concentrada alrededor del esqueleto de un edificio que una constructora había dejado sin acabar. «El gobierno municipal de entonces nos prometió que lo resolvería», recuerda uno de los asistentes a aquel primer encuentro en el Ayuntamiento.

Pasaron los meses y el problema, lejos de resolverse, aumentó. Lo grave ya no eran los altercados o la presencia de indigentes, sino los robos. Los cacos utilizaban el edificio abandonado para saltar a las viviendas contiguas. Lo hicieron varias veces en los últimos años. Por si fuera poco, la basura que fue acumulándose en los cinco pisos del inmueble abandonado atrajo ratas.

Ante esta «grave situación», aquellos mismos vecinos que habían visitado a Javier Losada en el 2008, volvieron a María Pita para un encuentro con su sucesor en la alcaldía, el popular Carlos Negreira. Fue en el 2012. «Y tampoco se hizo nada», dicen.

Con el regidor actual todavía no se han reunido. Han tenido un breve encuentro en el Dillo Ti de este pasado fin de semana, que se celebró en el entorno del parque de Santa Margarita. Y han quedado en verse y buscar una solución.

Por el momento, «todo sigue igual o peor que el primer día. El edificio lleva un decenio abandonado, siendo un cobijo de indigentes y delincuentes», cuentan los vecinos, que tienen miedo a desvelar su nombre para evitar represalias.

Este pasado sábado falleció un hombre que dormía en ese inmueble. La Policía Nacional acudió al lugar para investigar el suceso y se llegó a la conclusión de que fue muerte natural. Se cree que llevaba varios días sin vida. «Es una pena y una desgracia que ocurran estas cosas. Se ven personas entrar y salir en muy malas condiciones», apunta uno de los residentes del barrio.

Vallado

El edificio da a las dos calles, a Cancela de Afuera y a Vista Alegre. Por esta última, la planta baja está cerrada con una valla de madera. Por la otra, está tapiada, pero al muro le han hecho agujeros para acceder al interior. «Aquí se vienen a drogar, a trapichear, a pelearse... A nada bueno», denuncia otro vecino.

Lo que más les preocupa en estos momentos, más allá de la presencia de ratas y suciedad, es la seguridad. Los vecinos de los edificios contiguos, tanto los que dan a una calle como a la otra, «duermen con un ojo abierto. Cualquier ruido los levanta de la cama por miedo a sufrir un robo, pues desde el inmueble abandonado se accede a todos los pisos de las viviendas habitadas. Ha habido varios y tenemos miedo que algún día se pase del robo a la agresión», dicen.

Un largo proceso burocrático para eliminar esos «esqueletos de la crisis del ladrillo»

Muchos esqueletos de hormigón salpican la ciudad. Son metáforas de la crisis económica que no ha tenido piedad con el sector de la construcción. O de la ilegalidad urbanística. Son inmuebles que se han quedado en una simple intención de casa. Algunas estructuras incluso han sobrevivido a varios alcaldes, incapaces de gestionar una solución a esos edificios sobre los que puede pender incluso la amenaza de derribo. Pero la ley es muy estricta y exige agotar varios pasos antes de aplicar dinamita.

Ante las Administraciones tiene que quedar claro, de forma muy contrastada, que el promotor de la construcción ha abandonado el proyecto de forma definitiva. Tras la licencia concedida por el Ayuntamiento, el constructor tiene seis meses de plazo para iniciar la obra y se fija un tiempo para concluirla, con la posibilidad de prórroga, siempre antes de que venza el plazo inicial. A partir de ahí, la obra no puede estar paralizada más de seis meses, aunque en los ayuntamientos reconocen que en este punto no se suele ser estricto.

De este modo, se incoa un expediente de la caducidad de la licencia, que requiere un informe contradictorio en el que se da voz al promotor. Si después de esto se declara la caducidad de licencia, esta desaparece del mundo jurídico y toca entonces la reposición de la legalidad, que se consigue generalmente a través de la demolición. No obstante, el caso del inmueble de Cancela de Afuera es distinto, pues el nuevo dueño del edificio es un banco y su inmobiliaria ha puesto un cartel anunciando la venta de viviendas sobre plano.

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