Una red de voluntarios controlará las setenta colonias de gatos de los barrios

El plan municipal prevé esterilizar, desparasitar e instalar comederos cerrados


a CORUÑA / LA VOZ

En una iniciativa sin precedentes, voluntarios de asociaciones protectoras de animales con experiencia en cuidado de gatos llevarán adelante un programa promovido por la Concellería de Medio Ambiente para sanear e identificar a todos los ejemplares -miles, según algunas estimaciones- de las cerca de 70 colonias registradas en la ciudad. Cada asociación se responsabilizará de una o varias áreas en las que tendrá que capturar, uno a uno, a todos los felinos, esterilizarlos, desparasitarlos e implantarles el chip identificativo antes de soltarlos de nuevo. El único medio para alimentarlos vendrá de una red de comederos cerrados, a fin de evitar que se conviertan en reclamo para otros animales, instalados en los barrios donde habitan las colonias y gestionados por los voluntarios.

El programa tuvo su germen en un ensayo llevado a cabo en el Barrio de las Flores hace dos años y pretende resolver la situación de descontrol que se ha ido agudizando conforme las poblaciones felinas fueron creciendo y las buenas prácticas de las protectoras toparon con otras no tan correctas de vecinos casi siempre bienintencionados.

Faltaron campañas sistemáticas que habrían evitado el crecimiento exponencial de las colonias. Los gatos quedaron en manos de decenas de voluntarios que cada día peinan la ciudad para llevarles comida y, en muchos casos, esterilizarlos con dinero aportado colectivamente. Pero también quedaron cautivos de los malos modos: de quienes pretendiendo cuidarlos les sirven residuos de comida humana sin reparar en los muchos perjuicios, o de los que dejan las sobras y, con ellas, la llamada para otro bicherío. Y, al margen, los exterminadores.

El gobierno local recogió esta semana dos premios por su política de bienestar animal, otorgados por la Fundación Franz Weber, en memoria del ecologista suizo, y la Plataforma por la Gestión Policial de la Diversidad.

Diez años de envenenamientos y atropellos gatunos en Adormideras

Desde hace 15 años M. J. M. atiende y alimenta a los gatos de Adormideras. «Gracias a ellos las ratas están controladas. No hay semana que no recoja el cuerpo de una rata muerta», advierte esta mujer, indignada con la denuncia de una vecina que fotografió a un gato y una rata comiendo juntos en «la cueva» -como se conoce el lugar donde aparecieron- alrededor de un plato abandonado por algún vecino.

«Es curioso que la preocupación vecinal se centre en los roedores y no en las comidas envenenadas que a partir de marzo empiezan a proliferar por el barrio -revela-. Jamás nadie agradeció a los alimentadores que retirasen comida envenenada que podía haber caído en manos de sus hijos o nietos».

Adormideras no se libra del linchamiento de gatos que soporta la ciudad desde hace décadas. «Envenenados, acribillados y atropellados en una zona de especial protección peatonal donde los coches deben circular a 30 kilómetros por hora como máximo», lamenta M. J. M. que ha entregado tarrinas con veneno en Medio Ambiente y denuncia el abandono sistemático de animales en el barrio.

También desliza sus sospechas sobre la intencionalidad de vecinos que arrojan a la calle o en fincas abandonadas residuos y restos de comida «como cabezas de gambas o jamón», que no sirven de alimento a los gatos, pero acaban desparramados si nadie los retira y terminan atrayendo a los roedores.

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